Alexandre Molina, estudiante de noruego: «me veo pasando el resto de mi vida en los países del norte»

Alexandre Molina estudiante noruego Institut Nòrdic

Este talentoso músico valenciano encontró el trabajo de sus sueños en la Orquesta Sinfónica de Stavanger, Noruega, y desde el primer momento se ha sentido como en casa en el país nórdico. Descubre su inspiradora historia en la siguiente entrevista.

Por Hannu Arvio

Hannu: Tú eres de Valencia. Cuando empezaste a tocar el fagot en Valencia, hace algunos años, ¿en algún momento pensaste que acabarías en la Orquesta Sinfónica de Stavanger en Noruega?

Alexandre: No, para nada, en absoluto. Ha sido todo muy fortuito, muy al azar.

Hannu: ¿Cómo ha ocurrido todo?

Alexandre: A ver, yo empecé desde pequeñito a tocar el instrumento. Empecé con el violín, luego estuve también con el fagot, que es con el que toco ahora. Estudié en España hasta el grado universitario, luego me fui a Alemania a hacer un máster y al final estuve unos cinco años. Por casualidades de la vida, también pasó el coronavirus, que fue todo un caos para todo el mundo, abrieron una plaza en Stavanger. Como estaba todo muy incierto, también dije, bueno, pues tiene buena pinta. No conocía la ciudad para nada, en absoluto. Había estado una vez en Noruega, pero muy breve. Nada, dos, tres días, que fue en Oslo.

Hannu: ¿Pasaste la prueba?

Alexandre: Sí, entonces hice una prueba, una audición. Que además fue un poco curiosa, porque como era durante el coronavirus, las restricciones de viaje eran muy estrictas en Noruega. Tenías que hacer una cuarentena por 15 días. Entonces mi prueba fue por vídeo. O sea, yo enviaba unos vídeos grabados míos. Y nos seleccionaron a tres, de toda la gente que habíamos enviado vídeos. Y entonces esas tres personas, de las cuales una era yo, ya íbamos a tocar a la orquesta y una prueba en persona.

Hannu: ¿Tocando en la orquesta?

Alexandre: Sí, tocando en la orquesta y también aparte. O sea, tocando yo solo con piano, digamos el procedimiento habitual. Pero era como una ronda final.

Hannu: ¿Cuánto tiempo llevas en la orquesta?

Alexandre: Llevo tres años. Esta ha sido mi tercera temporada, que acabé ahora en junio. Empecé en agosto de 2022.

La Orquesta Sinfónica de Stavanger, con un director de espaldas a los espectadores, interpreta en un escenario de madera clara, rodeada por la sección de cuerda en primer plano, vientos y percusión al fondo. El auditorio, también de madera, está parcialmente ocupado por el público.
Noruega tiene una vida musical abundante y muy bien organizada.

Hannu: Tengo una pregunta sobre la vida musical en Noruega. Vienes de una zona (Valencia y España) musicalmente muy desarrollada. Y estás en Noruega, en otra zona musicalmente muy fuerte. ¿Te sientes como en casa?

Alexandre: Me recuerda, en cierta manera, mucho. Porque en Noruega hay orquestas de metales y bandas de conciertos, blåseorkester que se llaman en Noruega. Y sí, me recuerda mucho porque hacen también certámenes, competiciones, como hacemos nosotros en Valencia o en otros sitios en España también. Lo siento como familiar, eso sí.

Hannu: ¿Y qué tal en general el trabajo en una orquesta sinfónica en Noruega?

Alexandre: Pues muy bien, la verdad es que estoy muy a gusto y sorprendido para bien. Porque, yo venía obviamente de España, pero también de Alemania. Alemania, digamos, es la cuna que se considera para tocar en orquesta. Es el país que más orquestas tiene o donde los músicos se mueven más. En Berlín sobre todo, pero también en Múnich, en Colonia, en Fráncfort. Los estándares de Noruega son casi tan altos como en Alemania en todos los sentidos. No solo a nivel artístico, sino también a nivel laboral, de condiciones de trabajo. Y la verdad es que, como decía yo, fue un poco la aventura para mí, que yo no sabía muy bien dónde iba a acabar cuando fui a Stavanger. Y me he sorprendido para bien, gratamente. Me lo pone muy difícil en caso de que quisiera volver a España. Las condiciones laborales que me ponen (en Noruega) son muy buenas. Y el ambiente de trabajo es ideal, la verdad. Tenemos, en concreto, en Stavanger, un auditorio nuevo prácticamente, que lo inauguraron en 2012 y es uno de los mejores de Europa.

No solo el ambiente entre compañeros es gratificante, sino que las condiciones de trabajo son inmejorables.

Hannu: Hablemos un poco de lo que es el clima. Tú sales de Levante, del Mediterráneo, que es una costa, y vas a otra costa, que es del Atlántico Norte. ¿Se podría decir que te has mudado de sol a lluvia?

Alexandre: Sí, sí, literalmente. Pues a ver, sí, pero en mi caso concreto, como yo también había estado cinco años en Alemania antes, pues casi que lo recibí gratamente, porque de no tener costa en Alemania, porque yo estuve estudiando en Mannheim, cerca de Fráncfort. Volver a la costa, aunque es muy diferente, me gustó mucho. Fue un poco también en ese sentido como volver a casa. Pero sí que es cierto que la lluvia es muchísimo más abundante, la falta de sol también en invierno sobre todo. Pero me gusta porque es otro tipo de mar. Lo siento un poco más puro. Hay mucho más viento, el Mediterráneo es más tranquilo, más estancado. Y es mucho más húmedo en Valencia que en Stavanger. Evidentemente me tuve que comprar toda la ropa impermeable que ya me habían advertido. Pero muy bien, la verdad es que estoy muy a gusto.

Un joven estudiante de Institut Nòrdic, llamado Alexandre Molina, sonríe a la cámara mientras posa en cuclillas en Preikestolen. Lleva una chaqueta negra y pantalones oscuros. Detrás de él se extiende un impresionante fiordo y montañas nevadas bajo el cielo nublado de Noruega.
Con sus majestuosos fiordos, la costa atlántica de Noruega es considerada una de las más bellas del mundo. La caminata a Preikestolen dura unas 5 horas.

Hannu: Stavanger es la tercera ciudad noruega (230.000 habitantes). ¿Cómo te has adaptado a la vida en general? En el ambiente de casa, vivienda, comida…

Alexandre: Pues la verdad, bastante bien y relativamente rápido, por lo que te comentaba que las condiciones que me ponen en la orquesta son ideales. Para empezar, la comida del mediodía la hacemos en el trabajo, lo que es el lunsj, ya que es a mitad del ensayo, dentro de la jornada laboral. Tenemos ahí la cantina de la orquesta y además precios muy económicos. Y en cuanto a encontrar sitio (casa), pues fue relativamente sencillo, porque me ayudaron también, no solo los compañeros de la orquesta, sino también desde la administración. Cualquier tipo de problema o dudas que tengas en cuanto a documentación, siempre fueron muy majos y me ayudaron mucho. Y lo bueno de Stavanger es que al ser más pequeño que, por ejemplo, Valencia, podía encontrar algo relativamente cerca del lugar de trabajo. A nivel social, la orquesta es muy internacional. Hay noruegos, obviamente, pero hay también suecos, alemanes y franceses, hay americanos, asiáticos también, de Japón o de China.

Es curioso porque en Stavanger, para ser tan pequeña, el ambiente es muy internacional, entonces es muy agradable o muy fácil encajar viniendo desde fuera. Y en mi caso también hay muchos españoles, obviamente. En la orquesta hay otro chico, aparte que, de hecho, vino también al Institut Nòrdic antes que yo, por eso vengo yo aquí, porque él me lo recomendó. Me dijo: «Mira, esto para nosotros es perfecto porque es desde español, español-noruego, noruego-español, y lo haces online». Y la verdad es que me ha venido muy bien y por eso sigo haciéndolo. Y también la orquesta donde trabajamos nos cubre los gastos del curso de noruego, etc. O sea que es muy fácil. La verdad es que todo es ideal.

Una vista de Stavanger al atardecer, donde un barco verde grande flota en las aguas tranquilas de un puerto. Alrededor del puerto hay edificios tradicionales de tejados rojos y blancos, y el cielo está teñido de tonos rosas y azules.
Stavanger es un centro marítimo y petrolero que además, apuesta fuerte a la cultura. Foto: Alexandre Molina.

Hannu: Hablamos un poco sobre el idioma en sí, el noruego. ¿Cómo te sonó cuando lo escuchaste por primera vez?

Alexandre: Pues ligeramente familiar, porque como yo he comentado antes, estaba en Alemania, ya llevaba cinco años y obviamente ya me había tocado aprender alemán. Y tiene ciertas similitudes, antes incluso de empezar el curso de noruego, algunas palabras ya las entendía por contexto, porque el vocabulario es germánico, viene del origen muy parecido, o también del inglés, un poco. Entonces es como al principio, yo sin saber nada, ya entendía algo por simpatía entre el inglés y el alemán, veía como una cosa entre medias. Lo que sí, y que me sigue pasando, obviamente, que sigo sufriendo un poco, es con los dialectos. Que tienen muchos dialectos y dependiendo de la persona, a veces pienso que no estoy aprendiendo nada o entiendo prácticamente el 90 % de lo que dicen.

Entonces sí, al principio fue curioso, porque entendía algo, pero no lo hablaba y ahora que ya tengo un poco más de fluidez y llevo ya tres años y tal, me empiezo a ver más detalles, me empiezo a dar más cuenta de cosas del dialecto de Stavanger donde estoy yo, porque yo claro estoy aprendiendo bokmål, que es como el dialecto estándar, que es el que se enseña a los extranjeros y el más predominante en la zona de Oslo. Y cuando voy a Oslo de repente me siento más cómodo porque entiendo prácticamente a todo el mundo, pero en Stavanger a veces es curioso que dependiendo de los dialectos a veces sufro un poquito.

Hannu: ¿Y tienes algún objetivo con el idioma?

Alexandre: Mi objetivo es tener un mínimo de fluidez para poder vivir sin problema en el día a día y poder, aunque sea a nivel laboral, poder defenderme sin problema. A pesar de que evidentemente en Escandinavia te lo ponen muy fácil también, porque prácticamente todo el mundo habla inglés. Pero sí que lo noto, que lo aprecian, que hables y que utilices su idioma. Y la verdad es que yo me siento más cómodo cuando puedo entablar una conversación en noruego con alguien nativo porque veo que la conexión es un poquito más personal. 

Alexandre Molina, estudiante de Institut Nòrdic, aparece en una foto con otro músico en el escenario de la Orquesta Sinfónica de Stavanger. Ambos visten trajes negros, sostienen fagotes y sonríen a la cámara.
Después de tres años estudiando en Institut Nòrdic, Alexandre puede comunicarse en noruego con sus colegas, lo que le ayuda a establecer relaciones más profundas.

Hannu: ¿Qué idiomas hablas?

Alexandre: Hablo español, catalán, valenciano porque me he criado allí, pero también obviamente inglés, alemán. De hecho, podría decir que hasta un B2 quizás de alemán, fluido. Y ahora, pues noruego también.

Hannu:  Entonces estás estudiando tu quinto idioma. 

Alexandre: Sí, por decirlo de alguna manera. También he estudiado algo de italiano, pero eso lo dejamos un poco más a nivel amateur. 

Hannu: Una pregunta para un músico. ¿En qué idioma cuentas los compases de espera?

Alexandre: Ya no solo los compases de espera, sino también cuando voy al gimnasio, empiezas a contar. Y me doy cuenta de que depende del día. A veces los cuento en inglés, a veces los cuento en noruego, a veces los cuento en español. Eso es curioso. Pero la verdad es que últimamente cada vez más en noruego.

Alexandre Molina, vestido con un traje negro, está de pie apoyado en una barandilla de madera clara, sosteniendo un fagot. Mira hacia un lado y la luz entra por las grandes ventanas de cristal que se ven al fondo.
Para profesionales como Alexandre, que trabaja en música clásica, las excelentes condiciones laborales en los países nórdicos ofrecen la tranquilidad para construir una vida.

Hannu: ¿Cuáles son tus planes de futuro? Parece que estás muy contento en Stavanger. ¿Crees que podrías quedarte ahí durante mucho tiempo? 

Alexandre: Pues yo lo hablo muchas veces con mi familia y amigos y la verdad es que sí. O sea, yo sinceramente me he acostumbrado o me he sentido bastante bienvenido y cómodo en el ambiente escandinavo. Y yo veo que las probabilidades de que me quede, si no en Stavanger, pero a lo mejor en Noruega o incluso en Suecia, que también trabajo ahí de vez en cuando, son muy altas. O sea, me veo pasando el resto de mi vida en los países del norte.

Hannu: ¿Por qué?

Alexandre: Para mí lo importante es el ambiente laboral que es muy favorable y muy sano. Las condiciones de trabajo, te sientes muy bienvenido y se apoya mucho todo lo que tenga que ver con tu oficio, con tu trabajo, a nivel de material que necesitamos comprar o a nivel también artístico, en nuestro caso, de perfiles. Y la verdad es que me gusta, a nivel no solo personal y artístico, sino también laboral; para mí es ideal. En mi campo, al menos, es de lo mejorcito que hay.