La recuperación de la identidad sámi: un diálogo abierto para no repetir la historia

Tras siglos de políticas de asimilación que intentaron silenciar su cultura, el pueblo sámi vive hoy un proceso de reconstrucción profunda. A través del testimonio de Kirsi Máret Paltto, cuya familia sufrió el trauma de los internados y la pérdida del idioma, se hace visible una realidad largamente ignorada en los países nórdicos. Hoy, el reconocimiento explícito de la opresión pasada no solo busca revitalizar la lengua y las tradiciones, sino establecer una memoria colectiva que garantice que estas vulneraciones de derechos no vuelvan a repetirse jamás.

*Nota: Los nombres propios están en sami del norte. Cuando se hace referencia a la lengua sami, no se distingue entre los nueve idiomas.

Por Hannu Arvio

Sápmi es el término en sami del norte para referirse a la región cultural y geográfica habitada por los samis, la cual se extiende por las zonas septentrionales de las actuales Suecia, Noruega y Finlandia, así como por la península de Kola, en Rusia. Se estima que hay unos 100.000 sámi. Sápmi está fragmentada por las fronteras estatales; existen nueve lenguas saami y, debido a las políticas de asimilación de los Estados y a los movimientos migratorios, los sámi se han convertido en minoría en su propia tierra. Solo en dos municipios de la región, Ohcejohka y Guovdageaidnu, los sámi son mayoría. Además de asimilación, el pueblo ha sufrido una diáspora: decenas de miles de sámi viven fuera de Sápmi, en ciudades como Oslo, Estocolmo, Helsinki y otros núcleos urbanos nórdicos.

Aunque la situación actual muestra grandes avances de mejora, la persistencia de la cultura sámi es un testimonio de una resiliencia extraordinaria. Lo ocurrido en Sápmi no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de políticas estatales de asimilación y de una prolongada falta de atención institucional muy común hacía prácticamente todos los pueblos indígenas del mundo.

Resulta paradójico que naciones como Suecia, Noruega y Finlandia, reconocidas globalmente como referentes en la defensa de los derechos humanos, hayan mantenido históricamente una relación tan compleja y desigual con su propio pueblo indígena. Mientras Oslo se consolidaba como el escenario de los Premios Nobel de la Paz, se implementaban procesos de «norueguización» que separaban a los niños sámi de sus familias mediante sistemas de internados. De igual modo, mientras Suecia se convertía en un refugio para perseguidos políticos de otros continentes, los derechos territoriales y culturales de los sámi enfrentaban graves vulneraciones y racismo.

Distribución del territorio Sápmi en la actualidad

Bajo la influencia de las teorías de jerarquización social de la época, se llegó a considerar a los sámi en una posición de desventaja, lo que sirvió para justificar la apropiación de recursos y la erosión de sus lenguas, creencias y tradiciones.

A través de sus estructuras administrativas, los Estados fueron limitando progresivamente el territorio de Sápmi, priorizando el desarrollo industrial o la expansión territorial sobre los derechos de consulta de sus habitantes. Quizás el reconocimiento internacional que representan Premios de Nobel debería haber honrado la resistencia de los sámi: una perseverancia que, lejos de buscar la confrontación directa, se manifestó en la voluntad de preservar su identidad frente a las presiones externas.

En la asimilación que enfrentan los pueblos indígenas, el menosprecio de la lengua es central. Nerea Uriarte, de la Organización Garabide, denomina a las lenguas en peligro como «lenguas minorizadas». Garabide, con sede en el País Vasco, colabora a nivel mundial para la revitalización lingüística, pero en la voz de Uriarte se percibe un leve pesimismo: «Vamos cuesta arriba. Ahora mismo, ninguna lengua se revitaliza de forma normal». Para ella, el uso normalizado significa que la lengua pueda usarse para todo, desde la cuna hasta la tumba. «Todos los casos siguen el mismo patrón: no se valora la lengua», suspira Uriarte. «Si una lengua no cumple todas las funciones, sumado a siglos de discriminación, no es de extrañar que los padres quieran que sus hijos aprendan prioritariamente la lengua dominante por su utilidad económica o práctica».

El dominio de la lengua estatal se ve como una inversión en un futuro dinámico, mientras que la lengua indígena se percibe como parte de un pasado estático, quedando relegada solo al hogar. Según Uriarte, perder la lengua es mucho más que un cambio en la forma de comunicarse: «La lengua no es una isla aislada, influye directamente en la propia identidad».

El edificio del Sametinget noruego en Karasjok. Fotografía de Jan Helmer Olsen.

De vuelta al norte, a Sápmi, hubo un momento en que la identidad sámi comenzó a fortalecerse y el ciclo de silencio y rendición empezó a quebrarse. El despertar cultural de los jóvenes comenzó en los años 70, pero el punto de inflexión fue el conflicto de Alta (Áltá-gižžu). Fue una disputa por el uso de la tierra: el Estado noruego quería construir una represa en el río Áltáeatnu para generar electricidad sin consultar a los sámi, como era costumbre desde hacía siglos. El masivo movimiento de protesta no fue suficiente para detener la obra, pero algo despertó en Sápmi. La comunidad comenzó a organizarse, la voz sámi se hizo más fuerte y empezó a ser escuchada. Noruega, que había aplicado una asimilación feroz, comenzó a cambiar de rumbo. Aunque fue en Finlandia donde se fundó en 1973 el primer órgano representativo (Sámi parlameanta), hoy Suecia y Noruega también tienen sus propios Sámediggi (parlamentos sámi), y el Sámi Parlamentáralaš Ráđđi (Consejo Parlamentario Sámi) actúa como órgano de cooperación transnacional.
Parece que algo se ha movido en el sentido de la justicia de los países nórdicos. Los sámi han sido reconocidos como pueblo indígena y sus lenguas se han oficializado. El Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas ha sido ratificado por Noruega y Dinamarca (respecto a Groenlandia), pero aún no por Suecia ni Finlandia.
Aunque existen diferencias entre países, hoy es posible estudiar en saami en escuelas primarias, secundarias y en la Sámi allaskuvla, la universidad saami en Guovdageaidnu. Los sámi forman hoy una cultura consciente de sí misma y reconocida jurídicamente, y tanto el gobierno como la Iglesia han pedido perdón recientemente por la opresión ejercida. En todos los países nórdicos se han creado Comisiones de la Verdad y Reconciliación. El informe de Noruega se completó en 2023 y el de Finlandia en diciembre de 2025.

Uno de los edificios de la Sámi allaskuvla, la universidad sámi situada en Guovdageaidnu (Noruega)

Una de las 400 personas escuchadas por la comisión finlandesa es Kirsi Máret Paltto. Responde a una videollamada desde Anár. «Quería contar lo que se siente al perder una lengua», dice sobre su participación.
Paltto es una mujer polifacética: artista, escritora y gestora de una escuela de idiomas que ofrece enseñanza de saami a distancia. Es plurilingüe y multicultural; habla saami, finés, sueco, noruego, inglés, español, alemán y ruso, y reconoce en sí misma raíces sámi, finlandesas y suecas. Para ella, la identidad no es un monolito estático, sino algo que absorbe influencias del entorno. Sin embargo, los cimientos de su ser están en el valle del río Deatnu y en la lengua saami. Pero esa identidad no le vino dada de forma natural.

Paltto pertenece a la generación cuyos padres sufrieron la política de asimilación en carne propia. En todos los países nórdicos se utilizó el sistema de internados, donde se separaba a los niños de sus familias y se les obligaba a usar la lengua estatal; hablar saami solía estar prohibido. Esto generó una presión inmensa sobre la identidad de familias enteras, resultando en la pérdida del idioma, la fractura de la identidad y traumas intergeneracionales. Como consecuencia, el sentimiento de identidad sámi dejó de transmitirse, y la siguiente generación tuvo que recomponerla a partir de fragmentos, si es que lograba hacerlo.

La construcción de la identidad sámi de Paltto comenzó de verdad en la adolescencia, cuando empezó a estudiar la lengua por su cuenta. «Yo no pude aprender saami de niña. Pertenezco a esa generación cuyos padres pensaban que a los hijos les iría mejor solo con el idioma dominante. He sentido ese anhelo que nace hacia la propia cultura y lengua».
En comparación con las generaciones anteriores, en la familia de Paltto se ha producido un giro radical. El desarraigo cultural y la erosión de la lengua han dado paso a una nueva autoestima. El silencio de antes se ha transformado en un despertar lingüístico. Sus hijos han crecido dentro de la cultura sámi y hablan el idioma, y el trabajo de ella es velar por la salud de la lengua. «He dedicado mi vida profesional a dar a otros la oportunidad de recuperar su lengua».

Aunque hoy se trabaja en la revitalización, recomponer un legado lingüístico perdido es una tarea ardua. Además de reparar el pasado, el dominio de las lenguas mayoritarias en la actualidad dificulta que las lenguas pequeñas sigan el ritmo de los tiempos, por ejemplo, en la creación de terminología nueva. Noruega es donde la situación del saami es mejor, pues la igualdad lingüística está garantizada en la Constitución. Aun así, no se puede hablar de una igualdad total. Según Paltto, el objetivo debe ser que el saami sea una lengua que pueda utilizarse en todos los ámbitos de la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás.

¿Qué significa esa igualdad? «Significa absolutamente todo», afirma Paltto con determinación.

Kirsti Máret Paltto con su primer libro "Gos don leat, Elle?" (¿Dónde estás, Elle?)