¿Es el idioma un reflejo de la sociedad o la herramienta que la construye? En el norte de Europa, las lenguas nórdicas están liderando una transformación gramatical sin precedentes para derribar las barreras del género. Desde el finés, estructuralmente neutro desde sus raíces, pasando por pronombres neutros hasta el islandés y su reciente reforma de los apellidos, este análisis explora cómo los países nórdicos están rediseñando sus idiomas para fomentar la igualdad y una identidad más inclusiva.
Por Hannu Arvio
Finlandia
El finés es una de las lenguas menos generizadas del mundo. La escasa relevancia del género en su gramática no tiene una relación directa con la sociedad moderna e igualitaria, sino que el finés es, por estructura, casi neutral de origen. En finés, las palabras no tienen género gramatical y solo existe un pronombre de tercera persona: hän. Este se refiere a todas las personas independientemente de su género. Para animales y objetos se utiliza el pronombre se, que también es neutral.
Sin embargo, en Finlandia se ha utilizado terminología profesional generizada hasta hace muy pocos años. Por ejemplo, el título profesional lakimies (jurista; laki = ley, mies = hombre) ha sido una de las muchas palabras terminadas en «-mies» que se ha intentado transformar hacia la neutralidad. Hoy en día, se recomienda frecuentemente el término juristi.
Es difícil evaluar con precisión el impacto de la neutralidad estructural del lenguaje en la sociedad, pero al ser la lengua neutral de por sí, se considera que fomenta la igualdad de forma natural. Un ejemplo de esto son los niños que crecen en un entorno de habla finesa: según las investigaciones, la percepción y denominación del propio género en el niño tarda hasta un año más que en niños nacidos bajo lenguas fuertemente generizadas.
Suecia
En Suecia existe un fuerte empeño por la neutralidad lingüística. La evolución del sueco hacia la neutralidad de género ha sido un proceso lento pero constante. En el sueco antiguo se utilizaban tres géneros: femenino, masculino y neutro. Con el paso del tiempo, el femenino y el masculino se fusionaron en un «género común» o utrum (palabras con el artículo en), dejando en la lengua, al llegar al siglo XX, únicamente el mencionado utrum y el neutro (ett).
No obstante, los pronombres personales se mantuvieron generizados hasta hace pocos años, a pesar de que Suecia llevaba tiempo mirando hacia su vecino del este (Finlandia) como modelo de neutralidad. En sueco, «él» es han y «ella» es hon, pero esto cambió tras un largo debate social. El impulso definitivo lo dio el escritor infantil Jesper Lundqvist, quien publicó en 2012 el libro Kivi och Monsterhund. En la obra se utilizaba exclusivamente un único pronombre neutral: hen. El libro desató un intenso debate que resultó en la inclusión de la palabra en el diccionario oficial de la Academia Sueca (Svenska Akademien) en 2015. Hoy en día, el pronombre neutral está ampliamente aceptado y es una parte consolidada del idioma.
Para lograr la igualdad lingüística, en Suecia también se intenta eliminar los títulos profesionales generizados. Por ejemplo, la palabra tjänsteman (funcionario) termina en man (hombre). Actualmente, suele sustituirse por la expresión neutral tjänsteperson.
Dinamarca
Al cruzar desde Suecia por el estrecho de Øresund hacia el sur, el ambiente callejero se vuelve visiblemente más relajado que en Suecia. Sin embargo, esta relajación no se refleja necesariamente de forma directa en el idioma danés, ya que Dinamarca ha sido un punto más conservadora que su vecino del norte en sus objetivos de neutralidad de género.
Históricamente, el danés ha pasado por un proceso de neutralidad similar al sueco: los géneros masculino y femenino separados se abandonaron hace tiempo. Hoy se usan dos géneros: fælleskøn (género común, palabras con en) e intetkøn (neutro, palabras con et). Los pronombres han (él) y hun (ella) aún resisten, y el neutral hen, aprobado por el Consejo de la Lengua Danesa (Dansk Sprognævn) en 2023, no está ni mucho menos tan consolidado como en Suecia, aunque su uso va en aumento. No obstante, el plural de (ellos/ellas) es una forma neutral ya establecida.
Muchos títulos profesionales en Dinamarca siguen estando generizados, pero ha empezado a notarse un movimiento a favor de expresiones más neutrales. Por ejemplo, en lugar de la palabra formand (presidente), hoy se utiliza a menudo la expresión neutral forperson.
Noruega
Noruega es uno de los países más igualitarios del mundo y, al igual que en otros países nórdicos, el esfuerzo por la neutralidad de género en el lenguaje está regulado por ley. Las agencias estatales tienen la obligación de utilizar un lenguaje neutral en su comunicación.
En el idioma noruego todavía se utilizan los géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro. Ejemplos de esto son en gutt (un niño – masculino), ei jente (una niña – femenino) y et hus (una casa – neutro). Sin embargo, la lengua se está deslizando lentamente hacia el género común (utrum), donde el masculino y el femenino se combinan bajo un mismo género, tal como ya ha sucedido en sueco y danés.
Al igual que sus vecinos, Noruega también ha adoptado el pronombre personal neutral hen, que el Consejo de la Lengua Noruega (Språkrådet) añadió a los diccionarios oficiales en 2022. El uso neutral del pronombre está todavía en fase de transición y no se percibe necesariamente en todo el lenguaje cotidiano, pero se utiliza cada vez más en materiales didácticos, medios de comunicación y comunicaciones oficiales.
Los títulos profesionales generizados también han cambiado: las palabras terminadas en «-mann» han sido sustituidas por equivalentes neutrales. Por ejemplo, formann (presidente) es hoy en día frecuentemente leder o styreleder.
Islandia
De las lenguas escandinavas, el islandés es la que está más cerca del nórdico antiguo que hablaban los vikingos, tanto léxica como gramaticalmente. Detrás de esta preservación se encuentra una política lingüística estatal decidida y estricta, cuyo propósito es mantener este idioma de unos 350,000 hablantes libre de influencias extranjeras. Sin embargo, esta política conservadora no ha impedido el avance de la neutralidad de género. Al contrario, Islandia ha dado grandes pasos en los últimos años, a pesar de que la lengua en sí está fuertemente generizada.
Junto a los pronombres islandeses hann (él) y hún (ella), se introdujo el pronombre neutral hán en 2019, cuando el parlamento islandés aprobó la ley sobre identidad de género. Al mismo tiempo, se modificó la tradición de los apellidos, en la que el apellido se forma a partir del nombre del progenitor añadiendo los sufijos -son (hijo) o -dóttir (hija). Hoy en día, también es posible utilizar el sufijo neutral -bur (descendiente), que no define el género de la persona; por ejemplo, Eriksbur.
En islandés hay tres géneros: masculino (karlkyn), femenino (kvenkyn) y neutro (hvorugkyn). El sujeto de la oración determina el género de otras palabras, como los adjetivos. No obstante, en la actualidad es posible y recomendable utilizar la forma neutra del adjetivo como una alternativa de género neutral.
Desde Islandia hasta Finlandia, la transición hacia la neutralidad de género combina la herencia lingüística con una planificación institucional deliberada. Este proceso evidencia que, ya sea mediante la evolución estructural o a través de reformas conscientes, la lengua actúa como un catalizador fundamental para consolidar la igualdad de género tanto en la esfera pública como en la privada.
Los cambios introducidos se están asentando con rapidez en el uso cotidiano; por ello, esta década marcará un antes y un después en la historia de los idiomas de los países nórdicos, redefiniendo la identidad y la inclusión en el siglo XXI.









