Carles Llor, médico e investigador: «En Dinamarca no hay necesidad de ir contra reloj en el trabajo»

Este médico e investigador catalán descubrió de primera mano Dinamarca gracias a la beca que recibió para estudiar en la Universidad de Copenhague durante un año. Ejemplo de que nunca es tarde para aprender, se lio la manta a la cabeza pasados los 50 y se embarcó en aprender danés, algo de lo que se siente muy orgulloso. Afirma que gracias a ello tiene también la posibilidad de trabajar en Dinamarca.

 Por Hannu Arvio

¿Por qué estudias danés?

Todo empezó cuando conocí a un colega mío, también médico, que es danés y estaba viviendo aquí en Barcelona. Se había tomado un año sabático y contactó con un grupo de investigación de la ciudad. Fue en ese momento cuando lo conocí y enseguida entablamos una amistad muy estrecha.

Un día me dijo: «Tienes que venir a Dinamarca, a ver si puedes conseguir una beca». Hace 2 años tuve la oportunidad de solicitar una en mi empresa, el Institut Català de la Salut (ICS) y me la concedieron en la Universidad de Copenhague, así que en ese momento es cuando me entraron las prisas para aprender danés [risas]. Hice el primer nivel (A1) en el curso intensivo de verano con la profesora Bibi Hansen y luego ya seguí estudiando en Copenhague.

Creo que el danés es difícil, aunque tampoco es lo mismo aprender un idioma a los 20 que a los 50 años. Pero siempre digo que la motivación es lo más importante para ver resultados. Estoy muy contento de haberlo hecho: ahora tengo también la posibilidad de trabajar en Dinamarca.

Hablando del idioma. ¿Qué ha sido lo más fácil y lo más difícil del danés para ti?

Fácil, nada. Difícil, todo lo que quieras. Los sonidos nuevos son complicados (por ejemplo, la ‘d’ suave), por no hablar de la gran cantidad de sonidos vocálicos que tiene, que los encuentro muy complejos de articular.

¿Cuánto tiempo estuviste en Dinamarca?

1 año.

Se dice que Copenhague es una de las mejores ciudades para vivir. ¿Cuál es tu opinión?

Es una ciudad amigable, repleta de cultura. También se nota mucho en la educación. La parte negativa es que los precios son bastante elevados, en eso también apunta alto [risas].

Según diferentes estudios, daneses y danesas viven muy felices. ¿Notaste esta felicidad en Dinamarca?

Lo cierto es que no se veía estrés, no se veía gente corriendo todo el día como aquí. Allí se toman la vida con más calma y no hay horarios estrictos en el trabajo. Eso es algo que yo experimenté directamente en la universidad: es una forma de trabajar muy distinta. El trabajo se hace, se discute, tienen en consideración tus puntos de vista, pero no hay la necesidad de ir contra reloj. Además, los daneses son muy metódicos en el trabajo: no se puede pasar a la fase B si no se ha finalizado la fase A.

Otra de las cosas distintas es la puntualidad, lo que me gustaba mucho, así como las llamadas «sesiones-comida»: cada martes había sesiones sobre temática diversa en mi universidad y la gente aprovechaba también para comer.

¿Crees que las condiciones laborales son la razón por la que se sienten tan satisfechos con su vida?

Yo creo que esa forma de vida más relajada les permite disfrutar más de las cosas sencillas y de la vida familiar.

Dinamarca apuesta con fuerza por el respeto al medio ambiente y por las energías renovables. ¿La filosofía go green se percibe en Dinamarca en la vida cotidiana?

Existe una diferencia abismal respecto a nuestro país en este tema. A parte de las bicicletas, que es el medio de transporte más idiosincrático de Dinamarca, se ven muchos coches eléctricos por la ciudad y es fácil localizar puntos donde cargarlos. El transporte público también es de muy buena calidad. Poder atravesar durante el día arterias principales de la ciudad sin ver vehículos privados es una delicia, y algo que me da mucha paz es el silencio que hay en general, para nada como aquí.

Dinamarca es un país famoso por su hygge. ¿Cómo lo definirías?

El hygge es algo que parece muy fácil pero no lo es. Consiste en sentir felicidad por las cosas sencillas. Parece muy banal que un concepto como este se exporte, pero no es así. Pienso que dice mucho de la cultura de Dinamarca y de su gente.

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