Finlandia alberga uno de los sistemas de protección de lenguas minoritarias más avanzados y envidiados del planeta, un blindaje legal que permite a sus ciudadanos desarrollar toda su vida en sueco. Este modelo histórico alcanza su máxima expresión en el régimen autonómico del archipiélago de Åland, donde ni siquiera se puede comprar un inmueble o terreno sin poseer el «derecho de domicilio» qué incluye demostrar el dominio del sueco.
En el artículo, los nombres de todos los lugares en Finlandia están escritos en sueco.
Por Hannu Arvio
El sueco en Finlandia es quizás la lengua minoritaria mejor protegida y apoyada del mundo. Si se da el caso de vivir en Finlandia en una zona de habla sueca o bilingüe, uno puede, si lo desea, deslizarse a lo largo de toda su vida en sueco, desde la maternidad hasta la misma tumba del cementerio. En estas zonas, todos los servicios públicos están, en teoría, disponibles en sueco, lo cual no es un asunto menor en un estado de bienestar nórdico con un sector público tan amplio como el de Finlandia. La elección del idioma es un mero trámite declarativo y se puede realizar en el sistema de registro de población. Si una persona elige el sueco, se convierte oficialmente en un finlandés de habla sueca.
Supongamos, por ejemplo, que a unos padres de habla sueca tienen un bebé en un municipio de habla sueca o bilingüe, y al recién nacido se le marca la casilla del idioma sueco al elegir la lengua materna en el formulario. A partir de ese momento, según la ley, la atención médica, la guardería, la escuela, la formación profesional y la universidad se completan en sueco. Los formularios, la comunicación oficial, las cartas del ayuntamiento, la declaración de la renta y demás comunicaciones se realizan en sueco. En sueco también se pueden ojear los periódicos, ver la televisión, escuchar la radio, leer el texto del envase de zumo, ir al teatro, ver las señales de tráfico y los nombres de las calles, y escuchar el anuncio de la próxima estación en el tren. Los servicios de la iglesia luterana también se reciben en sueco. Cuando un hombre o una mujer finlandeses de habla sueca van al ejército, aprenden allí las habilidades de defensa nacional en su propio idioma, en sueco.
La elección del idioma también afecta a los extranjeros que viven en Finlandia. El aprendizaje del idioma que forma parte del proceso de integración se puede realizar en Finlandia ya sea en finés o en sueco, puesto que para alcanzar el nivel requerido para la ciudadanía basta con un nivel B1 en cualquiera de las dos lenguas.

La elección del idioma también afecta a los extranjeros que viven en Finlandia. El aprendizaje del idioma que forma parte del proceso de integración se puede realizar en Finlandia ya sea en finés o en sueco, puesto que para alcanzar el nivel requerido para la ciudadanía basta con un nivel B1 en cualquiera de las dos lenguas.
Sin embargo, no se puede vivir en sueco en toda Finlandia. Para ello, el lugar de residencia debe ser bilingüe (finés y sueco) o de habla sueca. De los 307 municipios de Finlandia, 16 son monolingües en sueco. Estos se encuentran en Åland, pero a esto volveremos más adelante. De los municipios, 33 son bilingües. En estas zonas vive un tercio de los 5,6 millones de habitantes de Finlandia. De las personas que viven en Finlandia, los de habla sueca representan el 4,7 % y la cifra va en descenso. A principios de la independencia de Finlandia (1917), los de habla sueca superaban el 10 % de la población, pero su proporción relativa ha caído a menos de la mitad al llegar a la actualidad. El descenso se debe a que la población de Finlandia ha aumentado, mientras que el número de personas de habla sueca se ha mantenido más o menos igual, en unas 300.000 personas. No obstante, en algunos municipios bilingües la proporción porcentual de los de habla sueca es bastante pequeña, lo que afecta a la cantidad de servicios dirigidos a esta población.

Mikko Majander, investigador del laboratorio de ideas Magma —centrado en la situación de la lengua sueca— y profesor titular de historia, se encuentra en su lugar de trabajo en Stora Robertsgatan, en el mismo centro de Helsingfors. “La brecha crece entre las obligaciones legales y la práctica de la vida cotidiana. Todos los servicios deberían poder recibirse en la propia lengua materna, pero eso no se cumple en aquellas zonas donde la minoría de habla sueca es muy pequeña”.
Majander relata también que la Finlandia oficial tiene en cuenta la igualdad de condiciones de los idiomas sobre el papel, pero en la práctica —aunque, por ejemplo, en la contratación de funcionarios el conocimiento del idioma sueco es un requisito— esto no se cumple porque muchos funcionarios no saben sueco más que sobre el papel. Según Majander, la mayor amenaza para la situación del sueco no proviene de que el sueco sea una lengua minoritaria frente al finés, sino de que Finlandia, al igual que el resto de Europa, se está internacionalizando rápidamente.
“Finlandia se ha multiculturalizado a gran velocidad. Especialmente en las grandes ciudades de la región capitalina, el abanico de idiomas es tan enorme que cada vez resulta más difícil justificar la posición especial del sueco con razones de actualidad”.
Esta evolución es especialmente evidente en Vanda, una localidad bilingüe situada junto a Helsingfors, donde solo el 2 por ciento de los habitantes declara el sueco como su lengua materna. En Vanda, el abanico de idiomas es actualmente amplio y, de hecho, en la ciudad ya hay porcentualmente más hablantes de estonio y ruso que de sueco. “El cambio en la población y en las condiciones lingüísticas inevitablemente marginaliza al sueco de su posición anterior”, continúa Majander.

A pesar de todo, la situación de la lengua sueca en Finlandia es envidiablemente buena para cualquier persona que pertenezca a una minoría lingüística en el mundo. Está profundamente apuntalada en la sociedad finlandesa, ya que cuenta detrás con casi mil años de historia del idioma sueco en Finlandia. El territorio actual de Finlandia formó parte de Suecia durante siglos, desde el siglo XII hasta el año 1809. Por aquel entonces, el idioma de las regiones costeras, de la administración, de la cultura y de la escuela era el sueco. Si bien es cierto que la mayor parte de la población hablaba finés, este quedó más bien como una lengua del pueblo sin relevancia oficial. Aunque Finlandia pasó a formar parte de Rusia en 1809, la situación del sueco se mantuvo inalterada, y durante las primeras décadas del entonces Gran Ducado de Finlandia ni siquiera se podía realizar trámites en ruso o en finés, sino únicamente en sueco.
Con el auge del nacionalismo finlandés durante el siglo XIX, el finés también se puso bajo examen y se exigió para él un estatus oficial, el cual se alcanzó en el año 1863. Finlandia comenzó a caminar hacia su independencia de forma bilingüe, en finés y en sueco.
Cuando Finlandia finalmente se independizó en 1917, se desató en el país una intensa lucha lingüística. En el ala más radical, los partidarios del finés exigían un país monolingüe, donde el único idioma oficial del Estado hubiera sido el finés. Los de habla sueca temían por su propia cultura, y algunos llegaron a amenazar con la anexión a Suecia. Finalmente, en la disputa se llegó a un compromiso nacional y, en la Forma de Gobierno (Constitución) de 1919, se garantizó a ambos idiomas, el finés y el sueco, la condición de lenguas nacionales en igualdad de condiciones con sus propias instituciones. La decisión fue acertada. De su efecto pacificador se sigue disfrutando en Finlandia hoy en día. El hecho de que en Finlandia se sepa sueco tiene también una fuerte relevancia diplomática y de seguridad, ya que a través del idioma sueco Finlandia se vincula a los demás países nórdicos, especialmente a Suecia y Escandinavia.
A pesar de que la posición del sueco es fuerte, ¿deberían los de habla sueca estar preocupados por su situación? Según Majander, hay motivos para ello. Añade que, por otra parte, los finlandeses de habla sueca son muy buenos vigilando sus propios derechos constitucionales, y para ello existe incluso su propia institución legal, el Svenska Finlands folkting. Además, en el país existen numerosas y acaudaladas fundaciones cuyo ámbito de actuación incluye precisamente la preservación de la cultura de habla sueca. Y la última pregunta: ¿los suecoparlantes tienen identidad finlandesa? “Sí, por supuesto, la población de habla sueca de Finlandia es finlandesa”.

Si la situación lingüística de los de habla sueca que viven en la Finlandia continental es ejemplar, en el archipiélago autónomo perteneciente a Finlandia de Åland ya se encuentra en otra dimensión.
Milli Eriksson responde al teléfono desde el porche de su casa, a orillas del mar Báltico. Eriksson ha realizado su carrera en el extranjero, entre otros lugares como empresaria del sector turístico en España, y ahora pasa sus merecidos días de jubilación en el municipio de Vårdö, en la aldea de Grundsunda. “Hablo única y exclusivamente en sueco”, espeta Eriksson, a pesar de que también habla un excelente finés, inglés y español, y continúa: “Por la razón de que el sueco es mi lengua materna y aquí todos son de habla sueca”. Bueno, ¿y se sabe finés allí? “A decir verdad, bastante flojo”, responde Eriksson.
Eriksson vive, por tanto, en una zona de Finlandia donde apenas se sabe ni se utiliza el finés. El finés ni siquiera es obligatorio aprenderlo en la escuela. ¿Cómo es esto posible?
Las razones se encuentran en la geografía y en la historia. Åland es un archipiélago situado en el espacio marítimo entre Finlandia y Suecia, más o menos a mitad de camino. La región ha sido ininterrumpidamente de habla sueca durante más de mil años, desde la época vikinga. Al independizarse Finlandia, los habitantes de Åland se preocuparon —con motivo— por su propia situación como parte de un nuevo estado-nación finlandés. Manos a la obra: en las islas se recogió una petición casi unánime en la que se expresaba el deseo de unirse a Suecia, de la cual habían formado parte antes de la época de la dominación rusa. El documento se llevó a Estocolmo, donde fue recibido con alegría. Al fin y al cabo, Suecia obtendría un archipiélago estratégicamente importante cerca del desfiladero que conduce a Estocolmo. Sin embargo, Finlandia se opuso enérgicamente a las intenciones y los vecinos no llegaron a un acuerdo.
En ayuda acudió la Sociedad de Naciones, que había sido fundada tras la Primera Guerra Mundial para resolver las disputas entre países. En junio de 1920, la cuestión de Åland aterrizó sobre la mesa de la nueva organización en una situación en la que los habitantes de Åland querían irse a Suecia y ambos países, Suecia y Finlandia, querían Åland para sí, sin que nadie cediera en su postura.
Las negociaciones se llevaron a cabo en Ginebra, Suiza. Un año después, en junio de 1921, se obtuvo una solución a la disputa, de la cual los habitantes de Åland disfrutan aún hoy en día (el acuerdo definitivo se firmó en octubre de 1921). Al mismo tiempo, el mundo recibió un ejemplo de resolución pacífica de crisis: un final feliz para el cual no hizo falta el tintineo de las armas.
Finlandia mantuvo el territorio para sí, pero no sin condiciones. Åland obtuvo una amplia autonomía, la región permaneció desmilitarizada y el idioma y la cultura fueron protegidos. Entró en vigor el derecho de domicilio (hembygdsrätt), que es la piedra angular de la autonomía de Åland.
El derecho de domicilio es una especie de ciudadanía regional que otorga a su poseedor tres privilegios muy significativos que otros ciudadanos finlandeses no tienen en Åland. Solo el titular del derecho de domicilio puede comprar libremente tierras o bienes inmuebles y ejercer una actividad económica. El derecho se puede solicitar si se sabe suficientemente bien el sueco y se ha residido en Åland de forma continuada durante al menos cinco años. Si uno se muda fuera, el derecho de domicilio se pierde al cabo de cinco años.
El sistema ha funcionado bien y el temor a la finlandización no se ha cumplido ni lingüística ni tampoco económicamente. Los 30.000 habitantes de Åland viven una vida próspera, incluso para los estándares finlandeses; el patrimonio ha permanecido en sus propias manos, la autonomía es fuerte y nadie de fuera ha podido comprar las paradisíacas islas. Suena idílico.
Regresemos al porche en Grundsunda. ¿Cuál es tu identidad, Milli Eriksson? “Me veo como ålandesa, y después finlandesa”. Sueca no se considera en absoluto. Y cuando Suecia y Finlandia se enfrentan en el hockey sobre hielo, Eriksson está, sin duda alguna, del lado de Finlandia.
Imágenes: www.visitaland.com


