Agustí Badiella, estudiante de noruego: «Llegar a Noruega con una buena base me ayudó mucho»

Dejar atrás un trabajo estable, cambiar de país con tres hijos pequeños y empezar de nuevo en otro idioma no es una decisión que se tome a la ligera. Agustí y su familia lo hicieron tras varios años de preparación. Hoy viven en la zona de Bergen, integrados en la vida local, con nuevas oportunidades laborales y una mirada distinta sobre la educación, el deporte y la crianza. En esta entrevista, Agustí nos cuenta cómo fue el proceso de dar el salto, qué ha sido lo más difícil y lo más valioso de la experiencia, y qué aprendizajes se lleva tras más de un año viviendo en Noruega.

Por Hannu Arvio

Hannu: Agustí, tú y tu familia lleváis ahora en Bergen un poco más de un año. Quería empezar esta entrevista con la preparación que habéis hecho y de dónde surgió la idea de mudarse a Noruega. Tú eres profesor de educación física, tu mujer es fisioterapeuta y tenéis tres niños pequeños. ¿Cuál fue el detonante que impulsó este  cambio?

Agustí: Creo que hay dos detonantes, uno es el que vinimos varias veces aquí, a Bergen, para visitar a mi primo, que vive aquí con su familia. Al llegar aquí y verlo varias veces nos gustó el ambiente y la cultura que tienen. Y las condiciones en general de vida nos gustaron bastante.

Otro aspecto es que, cuando te mudas de un país a otro, también hay un cierto descontento con el país en el que vives y por eso decides intentar una cosa mejor. Básicamente es un cambio, no solo para nosotros como adultos, sino también para los niños, para ver si pueden tener unas condiciones (de vida) un poco mejores de las que teníamos allí. (En España) teníamos amigos y familia, pero bueno, como ya nos habíamos mudado también de ciudad, tampoco era que tuviésemos un arraigo súper fuerte. O sea que en este sentido fue bastante fácil.

Agustí y Montse en Noruega
Para que todo saliera bien y el resultado fuera satisfactorio para toda la familia, el proceso de preparación tenía que ser cuidadoso.

Hannu: Antes de tomar la decisión final, buscaste un contacto profesional en Noruega, que finalmente salió bien. A partir de ahí decidisteis hacer las maletas e iros. ¿Crees que toda esa preparación previa —ese proceso que os llevó varios años hasta llegar a Bergen— fue adecuada?

Agustí: Sí, yo creo que sí. Empezamos con los cursos de Institut Nòrdic, los niveles A1, A2 y B1.1. Yo no terminé el B1.1 porque a medio curso nació Guillem y la cosa en casa era un poco locura. Intenté seguirlo, pero era muy complicado. Y durante el tramo final del B1.1, sí que me acuerdo que hablé con Martine, mi profesora, y le dije que no llegaba, entre el trabajo, el básquet, la familia y tal. Y ahí lo dejé.

Pero creo que, independientemente de que no lo terminara, me sirvió bastante, sobre todo me sirvió para conocer las estructuras gramaticales básicas. Tengo un inglés correcto y pude hacer una relación gramaticalmente de cómo se relacionaban los dos idiomas. Me sirvió para entender un poco cómo funcionaba. Obviamente hay verbos, sobre todo en el pasado noruego, que bueno, tienes que aprenderlos y cuestan, pero me sirvió bastante de base.

 

Hannu: Entonces saliste con una base sólida del idioma sobre la que poder construir.

Agustí: Sí. Sé que la base estaba bien, pero también lo que no sabíamos, y nos dimos cuenta cuando llegamos, es que aquí en Bergen hay dialecto, y se habla nynorsk, y la cosa ahí se complica un poco.

Montse, por ejemplo, en el trabajo escribe prácticamente todos los correos en nynorsk y lo habla muy bien —mucho más que yo—. Se comunica con soltura en noruego y lo entiende bastante bien, aunque aún le queda camino. Creo que ahora debe estar alrededor de un nivel B1.2 o B2, acercándose ya a un nivel bastante sólido. Cuando la oigo hablar con la gente, yo me quedo pensando: ‘guau, no entiendo nada’.

 

Hannu: Tú trabajas en inglés.

Agustí: Sí, sí. Ahora mismo (mi trabajo) es solo básquet y usamos el inglés. He hecho alguna sustitución como profesor de Educación Física, y ahí sí que intento no usar el inglés e ir a tope con el noruego que conozco.

Cuando me presento a los alumnos, siempre les explico de dónde vengo y cuál es mi nivel (de noruego), y les digo que si hay alguna palabra que no sepa decir o si no nos entendemos, que voy a usar el inglés y que ellos me pueden traducir y así seguimos en noruego. También les pido, si hay algo que no entiendo, que hablen más despacio y ellos no tienen ningún problema con eso, están incluso contentos de poder ayudar. Y en ese sentido, es bastante fácil.

Equipo de baloncesto juvenil
En Noruega, en el entorno deportivo, es posible encontrar muchas oportunidades de trabajo.

Hannu: Vosotros sois cinco, con edades y formas de adaptaros muy distintas. Sin embargo, por lo que he oído, en general la integración en el nuevo país os ha ido bastante bien. ¿Es así?

Agustí: Sí, yo creo que sí.

 

Hannu: ¿Y los niños?

Agustí: Los niños están bien. Para el mayor fue bastante fácil. Arnau tiene nueve años y empezó directamente en la escuela primaria. Allí le pusieron unas horas de refuerzo para aprender noruego, y ha aprendido bastante rápido. Ahora cuando lo oigo hablar con sus amigos y amigas, alucino bastante porque sabe mucho. A veces incluso lo utilizo yo mismo. Por ejemplo, si estamos comprando algo y la persona nos dice algo que no entiendo y me quedo en blanco, le pregunto a Arnau: ‘¿Qué ha dicho?’. Él me lo traduce o me explica un poco: ‘Creo que ha dicho tal, tal, tal’. Así que la verdad es que se defiende muy bien. A Roger le costó un poco más, porque llegamos y empezó en el último año de escuela infantil. Y le costó un poco más porque allí no hacen clases como tal. Y en ese sentido, al principio, la comunicación con sus compañeros y compañeras le costó. Tuvimos la suerte de que Montse encontró trabajo en la misma escuela infantil, y entonces cuando había algún problema de comunicación, Montse podía ayudar en este sentido. Pero sí que había situaciones que le costaban y se frustró un poquito. Él nos lo decía. Era el único que nos preguntaba si no podíamos volver a Serinyà. Le costó. Ahora está mejor; este año ha empezado primaria, hace también las clases de noruego con Arnau, hablan los dos juntos, y ya empieza a controlar bastante el idioma. Y el pequeño, Guillem, habla noruego.

 

Hannu: ¿Puede ser que él sea el más noruego de vosotros?

Agustí: Sí, seguramente él será el más noruego de todos nosotros. De hecho, lo que a veces nos preocupa un poco es que hable poco catalán, porque en casa hablamos catalán, pero él va diciendo muchas cosas en noruego. A veces me dice algo y pienso: ‘¿Qué me ha dicho?’, porque todavía hay cosas que no entiendo. Intentamos reforzar mucho el catalán en casa y, poco a poco, empieza a decir algunas palabras. Pero hace cuatro o cinco meses era absolutamente todo en noruego, porque pasa el día en la escuela infantil y allí está al 100% en ese idioma.

Por una parte, está bien, porque al final vivirá aquí y este será su hogar; y por otra, trabajaremos más el catalán en casa. En cualquier caso, creo que tener una base sólida en dos idiomas le será muy útil en el futuro: para aprender otros idiomas, para oportunidades laborales o para lo que venga.

Para Arnau, Roger y Guillem la adaptación a Noruega ha sido relativamente fácil, pero cada uno ha vivido su propio proceso de integración personal.

Hannu: Una pregunta profesional. Tú tenías un puesto de funcionario en España, ¿no?

Agustí: Sí, correcto, una plaza. Una plaza como profesor de Educación Física, y Montse era, o es, pero ya no ejerce, fisioterapeuta.

 

Hannu: Y ahora trabajas como entrenador de básquet, y ella en una escuela infantil. Entonces, además de cambiar de país, habéis cambiado vuestra vida laboral.

Agustí: Bueno, yo no exactamente, porque en Cataluña sí que, desde los 18 años, he estado haciendo de entrenador de baloncesto por las tardes, con niños y con adultos. En Manresa, en Sabadell, también en Quart, o sea que tengo un recorrido bastante largo en la parte del baloncesto y la preparación física en el baloncesto. Y a mí realmente lo que me gusta hacer es esto. Pero en Cataluña, si no eres un crack, buenísimo, no puedes tener un contrato que pueda servirte para vivir (de ello).

O sea, vas a poder trabajar y vas a tener tus equipos y tal, pero el sueldo no te llega para vivir. En Noruega, en este sentido, puedes cumplir tus sueños. La oferta que me hicieron no es para vivir completamente de ello, pero tengo un sueldo muy correcto para las horas que hago. Tengo que intentar complementarlo con otro trabajo por las mañanas, aunque sea a media jornada, pero ya con solo una media jornada o un tercio de jornada, ya tengo suficiente para vivir bien.

Y aquí sí que es verdad que el coste de vida es un poco más alto, pero luego los ingresos que tienes son mucho más altos que en Cataluña. Entonces, el margen de ahorro que tenemos aquí está muy bien en este sentido. Sí, estamos contentos con eso.

Después de un año viviendo allí, la familia ve su futuro en Noruega.

Hannu: ¿Os habéis integrado bien? Todavía estáis en proceso, supongo.

Agustí: Sí, estamos en proceso.

 

Hannu: ¿El futuro, lo ves allí, en Frekhaug?

Agustí: Lo veo, sí, sí. Sí que es verdad que tienes que aclimatarte, ¿no? Sobre todo con el tema de la lluvia y la oscuridad ahora en noviembre y diciembre. Bueno, es complicado, pero es adaptarse y hacer como ellos hacen un poco, ¿no? Porque en noviembre y diciembre se quedan bastante en casa.

Cuando ya empieza a salir el sol otra vez, (los noruegos) sí que son de salir a pasear y a caminar, pero cuando llegan estos meses de oscuridad, sobre las tres, cuatro, cinco de la tarde, de repente la gente desaparece y no hay nadie en la calle.

 

Hannu: ¿Puede que el clima sea lo más negativo de vivir allí?

Agustí: Para mí es la oscuridad. La oscuridad y el viento. El clima aún me gusta porque me encuentro más cómodo en algunas situaciones… Aquí en Bergen no hace mucho frío, porque al ser la costa atlántica, llueve bastante. Y cuando llueve solemos tener unos 10-11 grados. De vez en cuando entra una masa de aire fría y nieva, pero no acostumbra a quedarse mucho la nieve en la zona. Cuando nieva, luego estamos dos o tres días en los que hace sol y frío, entonces sí que estás a menos cinco, menos seis. Pero de repente viene otra tanda de lluvia, lo derrite todo y volvemos a tener la temperatura habitual. Para mí es bastante soportable. Sé que es diferente en Oslo, donde he estado con menos 22 grados. Con un clima más seco, donde no hay tanta humedad, sé que cuesta más (adaptarse al frío), pero aquí en esta zona, si te gusta la lluvia, lo aguantas bien. Además, aquí sí que puede salir con lluvia. Es cierto que a veces es un poco engorroso, porque hay mucho viento y lluvia, pero si vas bien preparado con la ropa y el calzado adecuado, puedes salir mientras llueve. Aquí hay ropa muy buena para la lluvia. De hecho, en Noruega se dice que no es el clima, sino la ropa. Si vas bien equipado, va a ir bien.

“Det finnes ikke dårlig vær, bare dårlige klær”, cuya traducción es “no existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada”, puede definir la adaptación al clima noruego.

Hannu: Vamos con una pregunta bastante amplia. Comentas que la oscuridad es lo que más te cuesta. Pero, ¿qué es lo mejor de vivir allí? Tanto para ti personalmente como para la familia.

Agustí: A mí personalmente me gusta la tranquilidad que hay en la mayoría de sitios. O sea, hay una densidad de población muy baja y nosotros vivimos en una zona relativamente rural, no estamos exactamente en Bergen, estamos un poco más al norte y es una zona de población donde hay campo, montañas, bosque y hay poca gente, pero cuando voy a Bergen a trabajar, que voy en autobús, pues se está muy tranquilo. Aunque el bus vaya lleno, hay tranquilidad, no hay ruido, no hay gente con música. La gente si hablan entre ellos dentro del transporte público usan un tono bastante suave y es un entorno bastante amable en este sentido por las zonas que yo conozco.

También sé que hay otras zonas en las que es un poco diferente, pero no es lo más normal. Y lo normal es esto, es que haya tranquilidad, es que hay un ambiente suave y a mí personalmente pues esto me gusta.

 

Hannu: ¿Y para la familia? 

Agustí: Para la familia creo que el entorno natural también es importante y está bien, es una cosa buena. Y la otra cosa es la seguridad que hay aquí. Los niños, Arnau y Roger, van y vuelven solos de la escuela tranquilamente. Ahora tienen nueve y siete años.

En Serinyà Arnau sí que iba solo, pero teníamos la escuela a dos minutos. Aquí la tienen a unos cinco minutitos andando. Y en este sentido sabes que no va a pasar nada, porque sí que pasan por algunas calles por las que sabes que si pasa algún coche va poco a poco, o sea, que se fijan porque saben que hay niños, en todos lados ves que hay carteles de “niños jugando”. Hay respeto por los niños y la infancia. Y es un entorno muy seguro en este sentido. Esto creo que es una de las mejores cosas.

 

Hannu: Trabajas con noruegos, y a veces se comenta que puede haber choques culturales o dificultades de entendimiento cuando se viene de contextos distintos. En tu experiencia, ¿has notado diferencias culturales al trabajar con ellos? ¿Hay algo que te haya resultado difícil de comprender, o que sientas que a ellos les cueste entender de ti? 

Agustí: Sí. Como profesor de educación física, a nivel de educación, he visto que van a un ritmo muy tranquilo. Van a un ritmo muy pausado, no se estresan. Cuando empecé a dar las primeras clases, me decían que iba demasiado rápido y que apretaba demasiado. Aunque yo pensaba que estaba haciendo lo opuesto, es decir, que no iba al ritmo habitual de lo que hacía yo en casa. Era más tranquilo, más pausado, y aún así me decían que era demasiado. A mi me sorprendía, consideraba que no estaba apretando nada. Me decían “tienes que dejarles más tiempo, tienes que ser más tranquilo, hacer alguna actividad entremedio que sea diferente, que no tenga nada que ver”. Esto también va relacionado con el básquet, porque en Cataluña estaba acostumbrado a que cuando tenías un entreno asistieran todos los jugadores. Puede que faltara uno porque estaba enfermo. Pero habitualmente, si tenías tres entrenos a la semana, en los tres entrenos el 80-90% de gente estaba allí. Aquí no pasa eso. Aquí es muy diferente. Aquí el lunes te pueden venir siete, el martes dos, y el viernes es fin de semana para ellos. Y puede que vengan dos, tres o puede que el viernes siguiente te vengan doce. Es decir, no puedes programar mucho porque no sabes exactamente la cantidad de jugadores que vas a tener. Entonces esto es lo que más me impactó. Sí.

 

Hannu: El nivel de básquet en España es altísimo. ¿Qué tal los noruegos en la cancha?

Agustí: El nivel es bajo, bajo. También son cinco millones y poco. Es una cantidad de población muy baja comparado con España, que ahora queda en casi 50 millones. Y claro, esto se nota. Aquí el deporte más importante son dos: uno es el fútbol y el otro es el handball. Y luego en invierno está el esquí nórdico. Esto les encanta, les chifla.

Los saltos de esquí también mueven a mucha gente. Y el básquet se queda ahí un poco atrás. Y sí que hay chicos y chicas con unos cuerpos muy interesantes para jugar a básquet, pero luego el nivel que tienen desde el principio, desde niños pequeños, lo que les inculcan, bueno, es bastante pobre en este sentido. Y tendrían que trabajar de otras maneras, pero bueno, son otras cosas. Y la parte buena que tienen es que hay bastante inmigración de Lituania. Entonces para los lituanos sí que el básquet es su vida.

Siempre encuentras en cada equipo uno o dos lituanos que son la base del equipo y siempre están entrenando. Tienen un tipo de cultura bastante diferente en este aspecto.

El fútbol, el balonmano y los deportes de invierno pasan por delante del baloncesto. Entre otros equipos, Agustí entrena al Sandviken IL.

Hannu: Montse y tú estudiasteis en Institut Nòrdic antes de mudaros. ¿Cómo os ha ayudado esta preparación previa?

Agustí: Sin curso no te enteras de nada. Ellos hablan inglés muy bien, pero les gusta obviamente hablar su idioma materno. Y sí que te puedes comunicar. Tengo, por ejemplo, aquí un par de amigos que son de Cataluña que hablan inglés y no usan para nada el noruego. Pero ellos mismos se dan cuenta de que tienen que aprender noruego. Dicen que, en situaciones cotidianas, como ir al supermercado, les hablan y no entienden, y tienen que recurrir siempre al noruego. Y para ellos es un poco vergonzoso, porque llevan aquí cuatro o cinco años. Y sí que dicen que si hubiesen llegado con un poco más de base de noruego pues lo hubieran agradecido porque es más fácil comunicarse. Y para mí tener esa base de los tres cursos creo que me ayudó mucho. Para mí, llegar aquí sin hablar noruego, hubiese sido muy complicado, muy complicado.

Quizás no te toman tan en serio, puede ser. Y no tienes tantas oportunidades laborales. Y ahora me está costando encontrar un trabajo a media jornada, porque el noruego que tengo es muy básico. Es cierto que estoy haciendo estas sustituciones. En la parte de educación física me encuentro más cómodo porque sí que tengo una base de vocabulario que he ido aprendiendo con cosas de los cursos que hicimos. Y después otras cosas que he ido aprendiendo a través del básquet. Porque con el básquet he hecho algún trabajo con niños más pequeños y allí sí que intentaba usar bastante el noruego y ellos mismos me enseñaban. Pues aprendí vocabulario y verbos básicos relacionados con la educación física. Pero para otros trabajos me cuesta y es complicado.

Y ahora ya empiezan a exigir mínimo un nivel B1 o B2 certificado en Noruega. Es decir, un certificado oficial. Y yo creo que es importante que lo hagan, que si no aquí el inglés se puede comer el idioma del país como pasa en otros sitios, por ejemplo, en Cataluña. Y yo creo que está bien que lo defiendan y que la gente que venga aquí tenga un nivel básico y pueda desarrollar su vida aquí con el noruego.

Y por eso creo que es importante, si vienes aquí, llevar algo de experiencia en la mochila, porque si no es complicado.

 

Hannu: Pero vosotros dos en poco tiempo ya estabais trabajando.

Agustí: Montse llegó a finales de agosto, estuvo septiembre y octubre sin trabajo, y a mediados/finales de octubre ya encontró este trabajo en la escuela infantil de los niños. Y le hicieron un contrato hasta finales de ese curso, en julio. Luego le renovaron el contrato y le hicieron un contrato de un año entero. Y ahora está esperando, pero ahí tiene bastantes posibilidades de que le hagan un contrato fijo.

 

Hannu: ¿Qué consejo le darías a un profesional que está pensando en mudarse a Noruega?

Agustí: Creo que es importante poder llegar con un contrato de trabajo ya cerrado. Para poder llegar con un trabajo también creo que es importante poder hacer las convalidaciones de los cursos y de los títulos universitarios, de todo lo que puedas tener. Porque sí que es importante llegar y saber que podrás trabajar porque tus títulos son válidos. Aunque vengas con trabajo, creo que es importante.

Y creo que es importante también el hecho de tener una base del idioma. Aunque después llegues y, depende de la zona a la que llegues, tengan un dialecto, una manera de hablar que sea un poco diferente al bokmål que hayas aprendido. Depende de dónde vayas, de la larga costa noruega, pues hablan de una manera u otra. Y es muy diferente, es muy diferente. Tengo jugadores de Oslo que entiendo bastante ahora cuando hablan, y luego hay algún jugador de Trondheim que cuando habla, aún no pillo este acento.

El entorno natural y la seguridad son dos puntos muy importantes para Agustí y su familia.