«Libres, hasta en el amor» —Libertad individual e igualdad de oportunidades en Finlandia

 

Los países nórdicos tienen un sistema que de entrada resulta paradójico. En esas sociedades el estado exige muchos impuestos y extiende sus tentáculos por todos lados, pero, a la vez, sus ciudadanos son los más libres de todo el planeta. ¿Cómo es posible? La respuesta no es sencilla, pero tiene mucho que ver con su concepto de libertad individual e igualdad de oportunidades. 

(Este artículo corresponde a la charla programada para el 13/3/20 en el marco de la actividad Mirada nórdica. Para más información e inscripciones, visita este enlace).

Por Hannu Arvio

Según Freedom House, Finlandia es el país más libre del mundo, con una puntuación máxima de 100 sobre 100.

«Soy de Oulainen, un pueblo situado en la región de Ostrobotnia del norte. Allí vive mi prima, enfermera, casada y con dos hijos pequeños. De hecho, la última vez que fui al pueblo y nos vimos estaba felizmente embarazada del tercero. Además, me contó que iba a hacer un cambio importante en su vida. Su trabajo de enfermera, el sueldo, las responsabilidades y los turnos de noche ya no le satisfacían, por lo que tenía intención de cambiar de oficio y hacerse ingeniera forestal, ya que había logrado entrar a estudiar esa carrera. A pesar de su situación, atareadísima con la familia, enfrentaba esta nueva oportunidad con mucha confianza y tranquilidad: parecía ser dueña de su vida, libre. Y así es. La libertad que tiene mi prima en Oulainen no la tienen muchas mujeres embarazadas con hijos en el mundo. En Finlandia su cambio de vida es posible, porque ella no está sola, ni la apoya únicamente su familia, sino que detrás de ella hay un país entero.

Mi prima, como cualquier ciudadano o ciudadana de Finlandia, goza de un apoyo por parte del sistema que le permite sentirse libre. Siendo madre de dos criaturas (casi tres) puede decidir si quiere estudiar o no, sin perjudicar a su entorno más cercano. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, sus hijos estudian y comen gratis en una escuela pública de calidad, como todos los niños finlandeses; es decir, cualquier cambio en los ingresos familiares no afecta el nivel educativo de los hijos. Estudiar de adulto y a tiempo completo está subvencionado y es gratuito: no representa un gasto, sino que el estudiante recibe un sueldo proporcional al salario anterior a los estudios. Sí, supone una reducción de los ingresos; sin embargo, no se convierte en ningún inconveniente más allá para la vida familiar.

Los más libres

La libertad individual de que goza mi prima requiere una base, que en el norte es sólida. Según el informe anual de Freedom House (2019), los finlandeses, junto con los suecos y los noruegos, son los más libres del mundo. Esta entidad no gubernamental mide la libertad a partir de dos variables principales: por una parte, los derechos políticos y por otra, los derechos civiles. En las dos áreas hay múltiples variables, como, por ejemplo, el derecho a la participación política, la libertad de expresión, la protección de las minorías, el funcionamiento de la administración, el grado de corrupción, la libertad para organizarse, el procesamiento jurídico y el derecho a elegir el estado civil de cada uno, entre otras. Freedom House afirma que Finlandia es el número uno, con matrícula de honor, con una puntuación máxima de 100 puntos sobre 100.

No obstante, hay algo más que explica la facilidad con que los nórdicos pueden mejorar su vida si lo desean. En Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia el concepto de libertad tiene una vertiente excepcionalmente significativa: la igualdad de oportunidades, que permite que todos puedan prosperar en la vida con independencia de la posición socioeconómica de sus padres o de su entorno más próximo.

Igualdad de oportunidades

El estudio sobre movilidad social de World Economic Forum mide la capacidad de los descendientes de personas con ingresos bajos a la hora de alcanzar el nivel de ingresos medio del país, y los países nórdicos encabezan la clasificación en el informe del año 2019. Si naciste en una familia con pocos recursos en Dinamarca, te llevaría al menos dos generaciones llegar a la media de ingresos, o tres en Suecia, Finlandia y Noruega; en Francia necesitarías seis generaciones y en Brasil nueve. Según World Economic Forum, las consecuencias de la falta de ascenso social las sufre toda la sociedad, no solo los más desfavorecidos, dado que el capital humano es el factor más importante para impulsar el crecimiento económico en el mundo moderno. Sin políticas de igualdad de oportunidades ese capital no da su mejor rendimiento, un argumento muy utilizado en los países nórdicos.

Cuando unimos esas políticas de la igualdad de oportunidades con la libertad individual estamos cerca de lo que es la esencia del funcionamiento de las sociedades nórdicas. En Finlandia eso se percibe con mucha claridad en el sistema educativo, que es una de las fábricas de igualdad y libertad que mejor funcionan. Elogiado por todo el mundo, este sistema ha logrado algo difícil: proporcionar una educación de calidad para todas las personas, con independencia de su poder adquisitivo. En Finlandia la educación es pública y gratuita casi al 100 por cien desde la primaria al doctorado, y en las pocas escuelas privadas que hay, no se paga. Además, la presencia de escuelas privadas de pago es anecdótica.

De la miseria a la excelencia

A pesar de que en la actualidad Finlandia es un feroz defensor de las políticas de igualdad de oportunidades, no siempre ha sido así. Hace cien años (concretamente en 1918, justo después de conseguir la independencia de Rusia), el país quedó fuertemente dividido por una sangrienta guerra civil cuyo origen fue una profunda injusticia social. Una parte de la población concentraba muchos recursos, mientras que la mayoría de ciudadanos vivía en condiciones muy precarias. Finlandia estaba a la cola de Europa en todo: era un país periférico, agrario y donde la mitad de los jóvenes de 15 años ni siquiera sabía leer. La primera ley de la educación obligatoria del país, que data del año 1921, fue una de las últimas del continente y su aplicación en todo el territorio no llegó hasta los años 50.

El acceso a la educación posobligatoria dependía de los ingresos de cada familia hasta principios de los años 70. Para enmendar la situación, se aprobó con un consenso amplio un sistema educativo nuevo en que la educación iba a ser gratuita por completo, con materiales, transporte y comida incluidos. Además, los municipios pasaron a gestionar la educación obligatoria, dentro de un marco común curricular estatal. La meta era subir el nivel de la cultura general de todos los finlandeses. A partir del año 1972, desde el norte del país y avanzando de pueblo a pueblo hacia el sur, se implantó una red nueva de escuelas públicas. Finalmente, en el año 1977 todos los niños finlandeses empezaron su camino escolar en las mismas condiciones. El símbolo del elitismo educativo, representado por los centros privados, desapareció: la escuela debía ser de todos y para todos, y a partir de ese momento se convirtió en uno de los pilares de la igualdad de oportunidades.

Movilidad en todos los ámbitos

Pero en Finlandia las políticas de igualdad de oportunidades no se limitan solamente al mundo educativo, ya que las posibilidades de cambio, las oportunidades, van surgiendo durante toda la vida. ¿Tengo hijos? ¿Cambio de carrera? ¿Estudio? ¿Me mudo? ¿Compro una vivienda? ¿Me monto un negocio? ¿Me enamoro? ¿Me caso? Todos nosotros nos planteamos asuntos similares en algún punto de nuestra existencia. Las respuestas dependen de muchos aspectos, pero, habitualmente, todos los cambios están ligados a la cantidad de dinero de que dispongamos: cuanto menos tienes por perder, más arriesgas. En Finlandia cambiar de vida está al alcance de todos: las leyes y las costumbres fomentan la libertad individual y los cambios son fáciles de ejecutar.  

Por ejemplo, las subvenciones por tener hijos son cuantiosas, estudiar es gratis y, además, el estado paga a los estudiantes por hacerlo. Pero hay más. Incluso mudarse es simple, ya que todos los pisos de alquiler tienen que ser aptos para entrar a vivir: con nevera, horno y encimera. El papeleo de compraventa de una vivienda es escaso y los costes son reducidos. El impuesto de tramitaciones patrimoniales para pisos es del 2,0 %, para casas del 4,0 % y la primera vivienda queda exenta de impuestos. Otro punto importante es que emprender está al alcance de todos, debido a que hay poca burocracia a la hora de crear un negocio: cuesta entre 60 y 360 euros, dependiendo del tipo de empresa, y el empresario no empieza a pagar impuestos hasta que emite la primera factura.

Amar sin fingir

Las libertades individuales y la igualdad de oportunidades se solapan de tal manera en Finlandia que hacen que un ciudadano finlandés se sienta (y de hecho, lo es) libre, dueño de su vida. Los tentáculos del estado del bienestar nórdico llegan a todos los rincones y áreas de la sociedad y generan tanto apoyo y libertad que no es exagerado afirmar que los finlandeses son libres, incluso en el amor.

Hace unos años, el historiador sueco Lars Trägårdh y su colaborador, el periodista Henrik Berggren, formularon la teoría sueca del amor, según la cual el amor verdadero solo es posible entre personas independientes e iguales; por lo tanto, no resulta sorprendente que su tesis, en efecto, se aplique también en Finlandia. Veámoslo.   

La escasez de libertad económica hace que dependamos de los demás: los hijos adultos dependen de sus padres, los cónyuges, uno del otro, y los mayores, de los hijos. Además, a la hora de relacionarse el dinero se convierte en un intruso corrosivo; si una persona con pocos recursos se relaciona con alguien de alto poder adquisitivo, este último sospechará de la honestidad del primero, así como el empleador no confiará en el empleado y viceversa. Las relaciones no serán auténticas porque la dependencia de la otra parte respecto al dinero fomenta que se corrompan las relaciones interpersonales.

En Finlandia las relaciones tienen muchos números de ser enormemente honestas. La razón de ello es que el amor entre padres e hijos adultos, amigos, hermanos o dentro de una pareja se forma entre personas libres entre sí. El amor tiene poca relación con lo económico y los ciudadanos no están supeditados a ataduras entre ellos si no quieren. A nadie le es necesario pedir dinero a sus allegados para avanzar en la vida, porque es el sistema el que proporciona todas las herramientas necesarias. Esto tiene una consecuencia importante en el bienestar de la sociedad: la libertad de vivir sin fingir ante nadie.

Contentos con su sistema

Para crear, mantener y actualizar constantemente un sistema inclusivo con igualdad de oportunidades, se requiere un amplio sector público, que en Finlandia es uno de los más grandes del mundo en proporción al tamaño del país. Evidentemente, eso supone aplicar unos impuestos elevados (de media, un 28 % del sueldo), aunque el porcentaje varía en función de los recursos económicos de la persona. Pero, aún así, los finlandeses parecen estar conformes con su sistema. Según una encuesta del año 2019 de la agencia tributaria finlandesa, Verohallinto, el 80 % de los finlandeses decían estar contentos pagando sus impuestos y el 98 % opinaba que pagarlos es importante para mantener el sistema de bienestar del país. De igual modo, todos los actores políticos en Finlandia avalan las políticas de igualdad de oportunidades y libertades individuales aplicadas: desde la extrema izquierda hasta la derecha están de acuerdo en que los beneficios humanos, económicos y políticos que se derivan de ellas superan con creces los costes.

¿Y si no?

Finlandia no es un país perfecto, puesto que tiene problemas con la violencia de género, el abuso de alcohol, la marginación social, la despoblación y, últimamente, la baja natalidad. Pero, en ese país los contratiempos no llegan al nivel de los desafíos a los que se enfrentan en muchos lugares en el mundo. Los finlandeses viven muy bien, tranquilos, contentos y en paz en su pequeño país del primerísimo mundo, donde reina la confianza entre sus ciudadanos y donde se aprueba con una amplia mayoría un sistema que permite avanzar en la vida y en el que nadie ocupa un puesto sin merecerlo. Llegados a este punto es cuando surge la pregunta casi obligatoria: si Finlandia hubiera continuado como hace 50 años, es decir, sin igualdad de oportunidades y sin libertades generalizadas, ¿cómo sería ahora? La respuesta es difícil de saber, pero seguro que no estaríamos ante un país laureado en diversos ámbitos, sino ante otra cosa. ¿Qué cosa? No lo sabemos».

 

El autor es periodista y profesor de finés en Institut Nòrdic

 

Fuentes:

Freedom House

World Economic Forum

La constitución finlandesa

Heikki Hiilamo: Uusi hyvinvointivaltio (El nuevo estado de bienestar)

Anu Partanen: The Nordic Theory of Everything

vero.fi (Agencia tributaria de Finlandia)

yrittajat.fi (Asociación de emprendedores finlandeses)

kuntaliitto.fi (Municipios finlandeses) 

Programas de los partidos políticos finlandeses

https://es.wikipedia.org/wiki/Contrato_social

YLE, «mitä maksaa?» Entrevista a Juhani Koponen y Sakari Saaritsa. Autores del libro Nälkämaasta hyvinvointivaltioksi. (De un país hambriento al estado del bienestar nórdico)