Esther Andrés, médica en Estocolmo: «Estoy muy feliz aquí y hace mucho tiempo que dejé de pensar en volverme a España»

Todo empezó hace unos siete años con un fuerte deseo de cambiar aires. Esta zaragozana extrovertida y habladora (ahora también en sueco) se marchó con su pareja, Gabriel, a hacer una estancia en Pello, un pueblo en la Laponia finlandesa pegado a Suecia. Ahora trabaja como médica de familia en Estocolmo y se muestra contenta e integrada. Tiene claro que su vida está en Suecia y volver no está en sus planes. Ha estudiado sueco en Institut Nòrdic mediante clases particulares en Aula Virtual.  

 Por Hannu Arvio

Esther y su pareja, Gabriel, han encontrado en Suecia un lugar ideal para vivir en familia.

¿Cómo iniciaste el camino desde Zaragoza hasta Estocolmo?

Cuando estaba haciendo la especialidad de medicina de familia nos daban la posibilidad de hacer rotaciones en el extranjero. A mi pareja, Gabriel, le resultaba difícil encontrar trabajo en España, mis condiciones en el hospital eran las que eran y nos apetecía irnos a ver cómo estaban las cosas en otros países de cara a un futuro un poco mejor. Encontré un intercambio y en principio iba a ir a Alemania, pero en el último momento me lo cancelaron. Más tarde encontré un lugar para hacer rotación en Finlandia, concretamente en Pello (Laponia). Y allí me fui en abril de 2013.

Entonces, ¿fue una casualidad que te encontraras de repente en la Laponia finlandesa?

Así fue. Nunca nos habíamos planteado mudarnos a un país escandinavo. Habíamos hablado de lo típico, como por ejemplo ir a Reino Unido, que es lo que oyes y que conoces, y tal vez Francia o Alemania, pero ni de casualidad pensaba en marcharme a Escandinavia.

Ahora te encuentras en Estocolmo, la capital de Suecia. Pello y Estocolmo no están cerca, precisamente…

El centro de salud de Pello está en la frontera con Suecia y colaboran mucho entre los dos países. Conocí al jefe del centro de salud de Suecia y después de visitarlo me ofreció la oportunidad de acabar mi especialidad allí. Lo comenté con mi pareja y nos pareció bien: el frío no nos echó atrás. La experiencia en Finlandia fue excelente, tengo todavía amigos y hablo mucho con ellos y fueron los que precisamente me aconsejaron que aprendiera sueco: es mucho más fácil y, además, pagan mejor. Pero al final no pude ir a la Laponia sueca para hacer la especialidad, no nos salió por el retraso burocrático, y la acabé en Zaragoza. No obstante, continuaba estudiando sueco mientras iba mirando ofertas de trabajo en Suecia y en esas encontré un centro de salud en Estocolmo. El jefe era un español que me invitó a hacer una entrevista de trabajo, a pesar incluso de que mi sueco no era muy bueno.

¿Cuándo fue eso?

Hacia noviembre de 2014. También me enteré de que estaban buscando médicos españoles en otro centro de Estocolmo, así que fui a hacer dos entrevistas en un fin de semana y al final me decidí por la oferta en el centro de atención especial, ya que me gustaba más el tipo de trabajo a desempeñar. En ese momento me puse mucho más en serio con el sueco. Durante los últimos tres meses de la especialidad que cursaba en Zaragoza estudié sueco todas las tardes vía online con Dea Mansten, de Institut Nòrdic. Acabé la especialidad el 10 de mayo y el 13 de junio nos mudamos a Estocolmo.

Te veo muy contenta. ¿Todo te ha salido con facilidad?

 La gente dice que he tenido suerte, pero no es así. En realidad, ha sido mucho trabajo. Yo me esforcé, busqué, mandé correos electrónicos y fui a hacer entrevistas. Me lo he currado mucho por mi parte, y sí, luego todo salió bien.

¿Suecia es un buen lugar para ejercer la medicina?

Es completamente diferente al sistema español.

¿En qué sentido?

En todos. Depende un poco del tipo de médico que seas. Yo como médica de familia puedo trabajar en centros de salud, urgencias de atención primaria o en las urgencias de los hospitales, un poco donde quiera. En España en los centros de salud tienes muchos pacientes concentrados al día y muy poco tiempo por paciente; aquí sin embargo dispones de mucho más tiempo para visitar el paciente, aunque la burocracia es inmensa. Pienso que los centros de atención primaria son buenos sitios para trabajar, y como hacen falta muchos médicos de familia, puedes negociar el horario que quieras, trabajar menos horas, reducir la jornada si tienes hijos… Además, el salario es individual: lo pactas, no hay un convenio.

Esther Andrés, en un mercadillo sueco como una sueca más.

¿Está bien pagado el trabajo?

¡Muy bien! En Suecia puedes trabajar sin tener la especialidad, ya que encuentras trabajo fácilmente, pero te pagan entre 3500 y 4000 euros al mes, como mucho. Los que hacen la especialidad sí que suelen llegar a los 4 000 euros; en mi último trabajo como especialista me pagaban unos 7500 euros al mes. ¡Pero ojo! Este salario es antes de descontar los impuestos, que hay muchísimos, aunque de todas maneras, compensa.

La sociedad sueca destaca por contar con numerosas ayudas sociales. ¿Disfrutas de alguna de ellas?

Sí, por ejemplo, cuando tuvimos a nuestro hijo Manuel la baja de maternidad y paternidad fue fabulosa: 480 días, divididos entre los dos por igual. ¡Es fantástico! La educación es casi gratuita: en la guardería pagas, pero muy poco y según tus ingresos. A nosotros nos tocó pagar 140 euros al mes, que es el máximo que se puede pagar. Además, nos dan unos 150 euros al mes por tener el hijo, con lo cual, nos están pagando la guardería. La sanidad es gratuita hasta los 20 años e incluye la atención dental también, e incluso sale gratis ponerse brackets. Suecia es un país pensado para los niños. No es hasta que tienes niños que ves realmente el resultado de los impuestos que pagas.

Muchos españoles que se mudan a los países nórdicos se acaban quejándose un poco del mal tiempo. ¿A ti te afecta el clima nórdico?

Sí, los dos primeros años fueron muy complicados, pero el hecho de estar lejos de mi familia y mis amigos complicó más la adaptación, no tanto el clima. A parte del clima tienes que integrarte en Suecia. Por ejemplo, en la clase de sueco aquí en Suecia pensaba que lo estaba haciendo francamente bien, pero al ir a trabajar no me enteré de nada. Suerte que tenia mi jefe que hablaba español y me iba aclimatando, pero recuerdo que no fue nada fácil. Quizá era demasiado perfeccionista y quería hablar como una nativa. Hoy en día sigo estudiando y perfeccionando el sueco para tener un título y poder estudiar en la universidad, a pesar de que sé sueco y lo hago todo en sueco.

Vives en Suecia y trabajas en sueco. ¿A este paso vas a ser más sueca que española?

¡Es que ya soy muy sueca! Soy una persona muy tranquila, me gusta la vida en casa, me gusta ir a pasear por el bosque con Manuel y con mis perros. Somos muy caseros. Aquí hay mucha paz, a veces demasiada, pero te acostumbras. Cuando vuelvo a España noto que la gente grita mucho y está muy estresada. Eso me agobia y tardo un par de días en aclimatarme a esa realidad.

¿Qué consejos darías a alguien que esté pensando en mudarse al norte?

En general, mi experiencia ha sido muy buena. Estoy muy feliz en Suecia y hace mucho tiempo que dejé de pensar en volverme a España. Allí no puedo tener las mismas condiciones laborables, pero todo depende a qué te dediques. Hace falta personal sanitario, pero también muchos amigos míos son arquitectos y están muy contentos. Soy una entusiasta de los países nórdicos, pero tienes que saber a qué vienes. No vengas sin trabajo o sin nada concreto: no son países baratos para vivir. El carácter y la visión de cada uno también juega un papel fundamental: si eres de estar todo el día en la calle, desde luego, este no es tu sitio. Pero pienso que los países nórdicos dan mucho, en especial a los que tenemos familia.

Entrevista a Antoni Milán: «Estudio a distancia en una universidad finlandesa a coste cero»

Profesor de matemáticas, estudiante de finés en Institut Nòrdic y ahora también estudiante a distancia en la universidad finlandesa Centria. Antoni Milán se está abriendo camino hacia el norte. Aquí puedes leer su historia.

Al igual que puede hacer cualquier ciudadano europeo, Antoni Milán ha aprovechado para estudiar gratis en Finlandia.

– ¿Por qué empezaste a estudiar finés?

– Empecé a estudiar finés porque conocí hace unos tres años a una mujer maravillosa y me gustaría poder mudarme a Finlandia para vivir con ella.

– Ahora has entrado en otra fase, porque estudias en una universidad finesa pero vives aquí. ¿Qué estudios estás cursando?

– Estoy estudiando para ser programador junior y poder programar con lenguaje Python, un lenguaje bastante usual para crear páginas web y desarrollar entornos de usuarios. En la costa de Ostrobotnia hay muchas empresas suecas y finlandesas que dan servicio en todo el mundo y exportan mucho. Entonces descubrí que la universidad de ciencias aplicadas de Centria, en Kokkola, organiza unos cursos basados en las necesidades de las empresas de la zona, y parece que ahora hay déficit de técnicos, como son los programadores. Me informé y me confirmaron que podía estudiar íntegramente desde aquí.

– Entonces ahora estás estudiando en una universidad finlandesa, pero desde Barcelona. ¿Y qué te cuesta todo eso?

– Es gratis. El sistema finés permite hacer casi todos los estudios sin coste, incluso para los ciudadanos europeos no residentes en Finlandia. En este caso me aceptaron, y no fui el único.

– Eres profesor de matemáticas en un instituto pero estudias para programador júnior, así que estás reorientando tu carrera…

– Aunque no ha sido de mi interés trabajar en el mundo de la programación, creo que es interesante y es una buena oportunidad. Estoy disfrutando al aprender y me ayuda el hecho de tener una base matemática. Si combino estos conocimientos con otras cualidades que pueda ofrecer, quizás alguna empresa me necesite y me contrate.

– ¿Cómo está organizado ese curso a distancia?

– Primero tuve que pasar una fase de selección, porque las plazas eran limitadas. Envié una carta de motivación y expliqué muy bien mis razones y mis habilidades. Me aceptaron. En septiembre me dieron acceso a una plataforma digital con todos los materiales, a través de la cual envío las tareas, recibo los comentarios y tengo conexión con los profesores. También hay mentoring classes, porque el curso es en inglés, aunque hay sesiones que son en finés. Puedo participar por Skype o ver los vídeos después en mi casa. El curso que estoy haciendo tiene además 6 semanas de prácticas en una empresa y estoy esperando a que me asignen una.

– Suena muy bien. ¿Es una muestra de cómo funciona Finlandia?

– Para mí es una muestra de una educación en que el estudiante es el foco de la organización, piensan qué es lo que necesita y qué necesitan las empresas. Es mucho más flexible que aquí: se adaptan los contenidos a la demanda real y la tecnología permite que cada uno estudie a su ritmo.

– Así que las empresas de la zona contactan a la universidad y los cursos se organizan a partir de las necesidades reales del mercado, ¿no?

– Sí, y hay cursos para otro tipos de perfiles necesarios allí, como el de software developer, que sería un desarrollador avanzado. En general en esa zona se requiere personal para trabajar en diversos ámbitos, y la escuela profesional de nivel medio también cuenta con programas para cualquier persona que viaje ahí y quiera incorporarse al mundo laboral. Primero se empieza por la lengua (finés o sueco) y luego se pueden probar diferentes oficios. Hay demanda en muchos puestos y también un sistema de acogida interesante, porque se adaptan a las necesidades de los alumnos y de la sociedad en general.

– Por lo que has contado, entonces las escuelas están muy conectadas con su entorno…

– Claro, porque para ellos un indicador de éxito es que los estudiantes, después de haber pasado por el curso, puedan incorporarse a un puesto laboral o bien seguir estudiando. Si no es así, la escuela incluso puede dejar de recibir los fondos que percibe por impartir esa formación.

– ¿A la larga te ves trabajando allí?

– Es difícil, pero si sigo luchando puede ser que consiga un trabajo allí y entonces me mudaría. Pero esto lo estoy haciendo sin urgencia, no es ahora algo que sea imprescindible. Aquí tengo un puesto de trabajo bastante bueno y, claro, lo que no puedo hacer todavía es renunciar a una gran parte de mi salario por vivir en Finlandia, pero quizás pueda conseguir marcharme allí y tener un salario parecido al de aquí. No se puede tener todo.

– Has estado varias veces en Finlandia. ¿Qué te parece como país?

– Creo que Finlandia es un país donde existen muchas oportunidades. Es un país muy abierto en el que todo el mundo me ha acogido muy bien. De hecho, me resultó fácil hacer amigos y siempre han sido muy amables. Además me encanta particularmente porque la naturaleza está presente por todos lados. Es un país moderno, está bien comunicado y tiene un sistema de vida que permite hacer muchas cosas por la tarde al salir del trabajo. La gente hace deporte, estudia… Se dan facilidades. No tendría problemas para integrarme.

– Aunque siempre se insiste en que hace mucho frío y que todo hay que hacerlo en el interior de los edificios…

– En España no estamos preparados para ese frío, pero en Finlandia sí. Allí nunca tienes frío en casa, y en cambio, yo tengo frío aquí en Barcelona, porque las paredes son muy finas y las viviendas no están tan bien aisladas. En Finlandia, si sales a la calle bien abrigado, no tienes sensación de frío y, de hecho, a mí incluso me gusta ese clima, ya que paso mucho calor en Barcelona. Cada vez que voy allí en invierno me baño en el lago después de la sauna. Este tipo de cosas yo las disfruto. También me gusta esquiar.

– ¿Has aprendido algo nuevo en Finlandia?

– Precisamente yo practicaba esquí alpino en el Pirineo y ahora he aprendido esquí de fondo. También he aprendido que cuando un país protege a los ciudadanos y les da servicios, como por ejemplo en esta escuela que he visitado, donde se promueve que los jóvenes con necesidades especiales vivan de forma independiente, cuando el país en sí está tan bien organizado que protege y ayuda a ser feliz en lo material, uno se siente parte de ese país. Si no recibes nada del estado, no tienes ayuda ni compensaciones, pues no te sientes integrado.

– Digamos que te sientes de alguna forma un patriota finlandés, ¿no?

– Soy muy fan de Finlandia. Incluso cuando estuve allí les pedí que me pusieran una bandera finlandesa en mi pipo, el gorro de lana, aunque dejé de llevarla porque soy consciente que un extranjero luciendo la bandera finesa es un poco extraño. Pero me siento orgulloso de tener relación con Finlandia.

– Si alguien está pensando en acercarse a Finlandia, ¿qué tipo de consejo le darías?

– Yo creo que cualquiera que visite Finlandia, tanto en invierno como en verano, se va a sentir atraído por el país, y si además tiene amigos allí va a sentirse muy bien acogido. No es un país para irse solo, sin conexiones, como ningún otro lo es, pero es abierto y a la gente le gusta conocer otras culturas. Hay muchas opciones y creo que vale la pena probar suerte allí si se tiene una atracción por los países nórdicos como yo la he tenido siempre. Es un lugar interesante, tanto para ir de vacaciones como para estudiar o trabajar.

Mauricio Ortiz, de Bogotá a Oslo: «He recomendado mi trayectoria a mucha gente»

A veces la vida da muchas vueltas (y muy bonitas). Y eso es lo que le ha ocurrido a Mauricio Ortiz, un ingeniero mecánico originario de Bogotá, Colombia. Después de dos años en Oslo se encuentra en Barcelona, donde trabaja y estudia noruego para poder regresar al país de sus sueños lo más pronto posible. ¡Conoce su historia!

Hay mucho mar entre Bogotá y Oslo. ¿Cuál fue el inicio de toda esta aventura?
Partí de Colombia a España cuando tenía 20 años. Estudié 4 años ingeniería mecánica en León. Después de terminar la carrera tenía que hacer un máster, y vine a Barcelona porque me gustaba la ciudad. Luego entré en otro máster que era muy internacional, con muchos estudiantes de muchos países, y entre esas personas estaba mi novia, Camila, que es del norte de Noruega. Después decidimos continuar la vida en Oslo.

¿Por qué Oslo?
Oslo es la capital de Noruega, hay más integración, hay más cultura, más oportunidades e incluso el clima es más suave que en resto del país. Ya llevamos casi dos años allí.

Ahora vives temporalmente en Barcelona trabajando y estudiando en Institut Nòrdic. ¿Cuándo piensas volver a Oslo?
Depende mucho de conseguir un trabajo profesional de lo que he estudiado. En Noruega tienes que saber noruego, sino estás muy limitado en el mercado laboral.

¿En qué nivel estás ahora?
Estoy en B2. Ya que estoy en Barcelona decidí continuar estudiando el idioma para no perder el ritmo.

¿Qué te parece el noruego como idioma?
Me parece un alemán fácil. La gramática es sencilla; la pronunciación, difícil. Esa es mi conclusión. Entenderlo es un poco complicado al haber muchísimos dialectos, en total unos 400. Primero aprendes el estándar de Oslo y después lo vas ampliando.

Tu novia Camila es del norte de Trondheim. ¿Se habla muy distinto allí?
Sí. Toda su familia habla en dialecto, pero cuando ella se encuentra en Oslo habla bokmål, que es lo que se habla normalmente en la capital.

¿Y tú también tienes que enfrentarte a esa realidad de varios dialectos?
Sí, claro. De hecho, tal variedad me parece bien, porque al final aprendes más. Y me gusta mucho porque ves que el noruego es una lengua muy viva, pero hay que decir que todo esto genera retos.

Tu proyecto personal es quedarte a vivir en Noruega. ¿Qué te atrae de ese país?
¡Muchas cosas! Primero, la forma de vida. Se vive muy, muy bien allí, a pesar de que el clima es complicado. Pero a mi personalmente el frío no me molesta. También hay mucha tranquilidad en muchos aspectos: si tienes trabajo, estás bien. El bienestar social es de los mejores del mundo, no tienes que preocuparte de la educación de tus hijos, no hay problemas de vivienda, las jornadas laborales se respetan mucho, las vacaciones son buenas y las bicis no hace falta atarlas. ¡Todo está muy bien! El país da muchísimo. Y la gente es súper amable.

¿En Colombia se puede conseguir esa tranquilidad?
¡Imposible! Es como el agua y el fuego. Allí es todo lo contrario. Y si lo cuento en Bogotá ni siquiera me creen. A veces piensan que estoy exagerando. Hay mucho desconocimiento sobre el norte de Europa. Y si se conoce algo es el frío, y todos sabemos que el frío lo arreglas con buena ropa. Además, en verano no hace.

Antes de conocer a Camila, ¿Habías pensado mudarte al norte de Europa?
Siempre me había atraído, pero el punto final fue conocerla.

¿Recomendarías tu camino a otros?
Lo he hecho con mucha gente. Todos los que han conocido Noruega han quedado encantados.

¿Te ves de aquí a unos años como un noruego más? ¿Esquiando, subiendo al monte y desfilando en el 17 de mayo (día nacional) con la bandera noruega ondeando bien alta?
Sí, efectivamente.

 

Anabel Real, cantante de ópera y licenciada en Traducción e Interpretación: “Para mí, escuchar es la clave para aprender sueco”

Desde el nivel principiante hasta el B1 (tercer curso) en solo un año y medio. Es lo que ha conseguido esta soprano políglota que cree que para avanzar rápido en los idiomas no hay que verlos como una obligación. Le gusta escuchar música, pódcast, leer y ver series y películas; y lo hace también para estudiar sueco.

Anabel en una actuación reciente en el Auditorio Municipal de Ourense

¿Por qué estudias sueco?
No tengo un motivo exacto. Me gustan las lenguas, he estudiado muchas y el sueco siempre me ha llamado la atención.

¿Qué idiomas sabes?
Catalán, castellano, inglés, alemán, italiano, francés, sueco, y sabía algo de polaco. Siempre me han interesado los países nórdicos, pero antes de apuntarme quise hacerme una idea de cómo era la lengua y vi que entendía muchas cosas gracias a hablar alemán. Encuentro muchas similitudes con las raíces de las palabras, los verbos… Me apasiona comparar las palabras en distintas lenguas.

Desde el punto de vista de una cantante de ópera, ¿cómo suena el sueco?
Tiene sonidos que en otras lenguas no utilizo. Por ejemplo, la letra a suena a veces como una melodía. Es una lengua en la que la entonación es importante porque influye en el significado de las frases, cosa que no ocurre en otras que conozco, como el alemán.

¿Crees que ser cantante de ópera y dominar la sonoridad te facilita aprender sueco?
Creo que mi oído musical me ha ayudado mucho en todas las lenguas que he aprendido. Tengo memoria visual, pero mi memoria auditiva es mucho mejor; aprendo muy rápido simplemente escuchando. Cantar ópera puede que ayude, ya que estudiamos mucha fonética y eso me ayuda a identificar cómo se colocan los sonidos en la boca y reproducirlos más fácilmente que otras personas.

Así que captas más fácilmente la sonoridad…
Sí, por ejemplo, cuando la profesora indica que el sonido de una a es diferente al de otra, lo noto.

¿Estás pensando en incluir algún repertorio en sueco?
Sí. He pensado en incluir algunas piezas de Stenhammar, Alfvén, Norqvist, Peterson-Berger o Sibelius, un compositor que, aunque no es sueco, tiene canciones en este idioma.

Solo llevas un año y medio estudiando y ya estás en el B1 (tercer curso). Has avanzado muy rápido. ¿Qué te parece el idioma en sí?
Creo que el sueco puede resultar más sencillo en función de las lenguas que ya hablas. Yo por defecto lo comparo siempre con el alemán, que es el idioma que utilizo cada día y, claro, al no tener declinaciones y no conjugar los verbos, se aprende más rápido. Difícil no es, pero hay otras cosas especiales, como palabras muy largas que cuesta más recordar cómo se escriben. El mismo sonido se puede escribir con diferentes grafías.

Te encanta acudir al Kaffè i Parlå, el intercambio lingüístico que se celebra en Institut Nòrdic cada dos meses, ¿verdad?
Sí. Cuando empecé hace año y medio, fui a la primera sesión. No podía hablar, pero entendía. Luego, por cuestiones de trabajo no pude volver y, cuando lo hice, encontré una chica sueca y noté que ya podía mantener una cierta conversación. ¡Solo en un año! Aquello me animó mucho a seguir.

Muchas veces los estudiantes acaban creando una metodología propia para avanzar con el idioma. ¿Cuál es tu metodología de aprendizaje?
Para mí, escuchar sueco es la clave, e Internet facilita mucho encontrar material, tanto pódcast como vídeos en que puedes descubrir gente que habla de temas interesantes, como libros, películas o series. También suelo leer bastante en el idioma cuando alcanzo un cierto nivel. Lo importante es que para aprender no debes verlo como una obligación. Hay que incluir cosas agradables en el día a día, escuchar música de ese país, cantarla, pronunciarla…

¿Profesionalmente te verías en Suecia?
Mañana mismo me iría si me contrataran. No he mirado las posibilidades que hay, pero es cuestión de ponerse a buscar agentes, audiciones… Nunca se sabe…

¿Hay alguna palabra que hayas aprendido que te guste en especial?
En la clase se habla mucho de cultura sueca y me encanta el concepto de fredagsmys que consiste en juntar a toda la familia en un día y hora determinados para comer, ver películas, charlar, desconectar… Yo no lo he hecho nunca en casa y me parece muy atractivo.

Canal de Youtube de Anabel Pérez Real, soprano

 

Angel Romero, estudiante de finés: “Soy muy finlandés en muchas cosas”

De Ciudad Juárez a Tampere pasando por Institut Nòrdic. Angel Romero se muda a Finlandia con la idea de vivir allí como un finlandés. En esta interesante entrevista nos cuenta su opinión sobre el finés y Finlandia.

Angel Romero: «Finlandia ha cambiado mucho mi mentalidad. Te hace ser más abierto».

 

¿Cuál fue tu primera impresión cuando escuchaste el finés?

Sentí que era un idioma que no se parecía a nada de lo que había oído antes. Lo veía muy complicado y con palabras muy muy largas.

Ahora llevas estudiándolo un par de años. ¿Ha cambiado tu opinión? 

Ahora lo veo más sencillo de lo que me pareció en su momento, quizás porque he tenido contacto con el idioma a nivel personal y eso me ha ayudado bastante. Ya no se me hace tan complicado, aunque lo es.

¿Cuál es el secreto para aprender finés? 

Creo que es importante tener a alguien con quien practicarla pareja, amigos… A mí también me funcionó ver películas en inglés o en español con subtítulos en finés y, en general, todo aquello que permite adquirir vocabulario. Puedo entender muchas conversaciones porque entiendo más o menos el vocabulario utilizado.

Empezaste a aprender finés porque tu pareja es finesaAhora estás preparando la mudanza para ir a Tampere. ¿Pensabas que acabaría ocurriendo eso? 

Cuando mi novia y yo nos conocimos hace casi 7 años, no pensé en ello, pero al año siguiente ya sí. Quería estar con ella y pensé que en un futuro lo más probable es que nos fuéramos a vivir a Finlandia. De hecho, al casarnos ya lo tuve claro.

¿Así que ya tenías claro que podrías vivir en Finlandia?

Sí, lo tenía claro porque la conocí allí. Viví allí dos meses, y aunque fue en verano, la cultura me gustó como para planteármelo.  

 Los mismos finlandeses dicen que Tampere es la ciudad donde les gustaría vivir. Es una ciudad que goza de muy buena fama. ¿Tú lo has notado, en Tampere? 

Sí. Tampere fue la primera ciudad que conocí de Finlandia, donde estuve dos meses. Es más pequeña que Helsinki, pero lo sigues teniendo todo y hay menos tráfico, menos jaleo, y es más barata. Estar cerca de los lagos es un punto a favor. Además, es un lugar con un gran tejido empresarial y trabajo abundante en mi sector, el de la ingeniería.  

¿Qué le atrae de Finlandia a un mexicano de Ciudad Juárez? 

Me atrae mucho el tema de la organización. En mi país no hay demasiado orden y yo soy una persona muy organizada. Cuando viví en Alemania ya lo experimenté y me sentí muy cómodo. En Finlandia las reglas funcionan, los trámites funcionan. Para mí, Finlandia es sinónimo de orden y eficiencia. Se pagan impuestos, pero se ven reflejados en la vida diaria.  

¿Aspiras a integrarte como un finlandés más y obtener la nacionalidad? 

Sí, de hecho, ya me he informado sobre el tiempo que necesito para obtener la nacionalidad finlandesa, y obviamente uno de los requisitos es el finlandés. Después de 4 años, que es lo que necesito, no debería de haber ningún problema para pasar el examen. 

 ¿Te gustan las costumbres finlandesas? 

No he esquiado nunca, pero me gustaría probarlo. Por el resto, soy muy finlandés en muchas cosas. De hecho, soy un adicto al avanto (nadar en invierno en un agujero en el hielo).  Cuando voy a Finlandia siempre me atrevo, haga el tiempo que haga. También me encanta ir a buscar setas al bosque. Estoy adaptado porque voy muy a menudo a Finlandia. 

 ¿Te ha sorprendido haberte adaptado tan rápido? 

Sí, he cambiado mucho mi mentalidad, incluso hasta en cuestiones religiosas. En Finlandia casi toda la población es luterana o agnóstica. Yo soy católico, pero cada vez me hago más liberal en ese aspecto. En México es impensable que te puedas casar en una misma boda con un sacerdote católico y uno luterano. Esas cosas te abren los ojos y te hacen ser más abierto.  

 Te vas a Finlandia habiendo conseguido ya trabajo allí, ¿verdad? 

Sí, he conseguido trabajo en una empresa sueca, Sandvik, que se encuentra también en Finlandia. En todo caso, es una empresa nórdica.  

¿Qué expectativas tienes? 

Va a ser un reto profesional, porque supone avanzar respecto a lo que hacía aquí. Pero también lo va a ser en otro sentido, no tanto por el idioma, porque trabajaré en inglés, sino por la adaptación al ambiente laboral. La cultura empresarial es más abierta. Aquí en la empresa en que trabajaba eran muy tradicionales y allí son muy innovadores, lo que es nuevo para mí. Además, aunque me voy a una empresa internacional, muchas de las personas que hay allí son fineses y hablan en finés, lo que me obligará a aprenderlo mejor para integrarme. También me apuntaré a los cursos que ofrece la empresa para aprender el idioma, algo que considero muy positivo. 

 ¿Cómo son las condiciones laborales que te han ofrecido? 

Son mejores que las de aquí. Hay excepciones, claro, pero en general los salarios son más elevados que en España.  A parte de eso hay muchas ventajas sociales. En la empresa a la que me voy me entregan una tarjeta para actos culturales, que se puede usar para ir a conciertos y eventos. Además, esta empresa cuenta con gimnasio, algo que parece ser habitual en Finlandia. De hecho, tenemos hasta una piscina.  

 ¿Crees que contarás pues con un poder adquisitivo elevado, teniendo en cuenta los salarios y el precio de la vida? 

Sí, muy elevado. Soy afortunado por contar con buena educación y experiencia en poco tiempo y siento que voy a un lugar donde tendré un poder adquisitivo mayor del que imaginaba, porque de los empleos que me ofrecieron este supera de sobras el límite respecto a lo que estaba buscando.
 

Margarida Plana, CEO y propietaria de EoEnergia: “Animo a las empresas a que hagan negocios allí”

Margarida Plana: “Creo que cuando eres mayor aprendes idiomas de forma diferente, es más sencillo”

Según Margarida Plana, CEO y propietaria de EoEnergia, apasionada del norte e ingeniera, los países nórdicos son excelentes para visitar como turista, pero también muy interesantes para establecer negocios. Ella estudia noruego porque ve que es una manera buena de generar confianza con sus clientes y, además, le encantan los idiomas.

¿Cuál es el perfil de tu empresa?

Ofrecemos innovación ligada a la energía, no solo renovable, sino a la eficiencia energética. Trabajamos en herramientas y estrategias que mejoren el comportamiento energético y la gestión de los recursos de los clientes. Por ejemplo, estamos trabajando en Aviapolis, un proyecto que está desarrollando una nueva ciudad eficiente al lado del aeropuerto de Helsinki.

Siendo una empresa de aquí, podríamos pensar que su actividad está centrada en soluciones en nuestro entorno, pero la has enfocado mucho a los países nórdicos. ¿Por qué?

No es del todo así. Yo abrí la empresa en 2009 y tenemos parte de los clientes aquí, pero siempre nos llamó mucho Europa. En verano de 2015 fui a Noruega. En febrero de 2016 volví otra vez. Al final de la dark season ese azul ártico me enamoró, y empecé a partir de ese año a aprender noruego. Dio la casualidad que en el congreso Smart City de Barcelona conocí gente de Helsinki, Göteborg y Oslo. Y una cosa llevó a la otra.

¿Qué hay de diferente allí en cuestiones energéticas?

Que allí todo se enfoca de forma distinta. Allí se procura que cualquier edificación, infrastructura, actividad industrial o forma de transporte sea energéticamente eficiente (escuelas, aeropuertos, hoteles…). Esta visión encaja perfectamente con nuestros proyectos y nuestra forma de funcionar.

¿En qué se diferencian los países nórdicos del resto?

Cuando volvemos de allí estamos todos más relajados. Los nórdicos tienen una forma muy distinta de hacer las cosas: respetan la naturaleza, las personas, el medio ambiente y la forma de hacer las cosas en general. Esto es lo que nos atrajo. Están centrados en las personas.

¿Qué sensación tienes al entrar en una oficina en Escandinavia?

Al principio parece que el ambiente sea más cerrado, pero a la que te conocen un poco ya no es así. Esta primera barrera se supera fácilmente si uno se interesa por la cultura de sus clientes. Además, las oficinas tienen una gestión distinta del espacio, una forma más dinámica, abierta y relajada.

¿En los países nórdicos has encontrado muchas oportunidades de negocios?

Animo a las empresas a que hagan negocios allí. Yo además de clientes tengo partners. Cuando haces un proyecto no eres experto en todo y necesitas personas que conozcan el lugar. Les invito asimismo a participar en proyectos en la zona mediterránea.

Has viajado mucho al norte, sobre todo al norte de Noruega. ¿Qué es lo que te gusta tanto?

A mi marido y a mí el paisaje nos apasiona. Svalbard nos tiene enamorados. Iríamos cada verano y cada invierno una temporada. La verdad es que nos gusta muchísimo el norte. A parte de Svalbard, hemos viajado al norte de Noruega (Lofoten, Senja, Tromsø, Sunnmøre), al norte de Finlandia (Ivalo y el lago Inari) así como a Groenlandia, Islandia y las Islas Faroe.

¿Qué te parece el idioma noruego?

En mi caso ha sido fácil. Empecé el año pasado, pero he hecho 4 cursos en dos años lectivos. Creo que cuando eres mayor aprendes idiomas de forma diferente, es más sencillo. Del noruego lo que más cuesta es la pronunciación. Además de catalán y castellano, hablo francés, italiano, inglés, flamenco, chino, y ahora noruego. Desde el punto de vista de hacer negocios, hablar el idioma del país con quien haces tratos es muy interesante. Claro que podemos trabajar en inglés, pero hablar el idioma del cliente beneficia la relación y el proyecto. Tengo que decir que cuando digo que aprendo noruego, no solo mis clientes noruegos, sino también mis clientes de Suecia y Finlandia se ponen muy contentos y me toman más en serio.

Has dicho que aprender idiomas de mayor es más fácil. Normalmente se suele decir que cuesta más. ¿Por qué consideras que es así?

Porque los aprendes porque quieres. Creo que enfocas la forma de aprender de forma distinta. La mente está mucho más relajada. Además, siendo adulto eres más práctico.

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Jordi Martín, director y fundador de Nordicthink: “los nórdicos son como su diseño”

Jordi Martín: “Empezamos con la página web primero, pero en seis meses ya abrí un salón de exposición”

Jordi Martín se enamoró de la manera de trabajar de los daneses, fundó su empresa de diseño nórdico en el momento perfecto y el éxito ha sido rotundo. Estudia danés para profundizar sus conocimientos sobre Dinamarca y para estar al tanto de lo que ocurre en el diseño nórdico.

Háblanos de tu relación con Dinamarca, ¿Cómo empezó todo y cuándo?

Me dedico a este sector desde hace casi 20 años, y en un momento determinado empecé a trabajar con Fritz Hansen, una gran marca danesa. Me llamó mucho la atención su manera de trabajar y cómo tenían todo organizado. Y a partir de entonces comencé a fijarme más en el diseño escandinavo en general y en el danés en particular. No tardé mucho en decidir que quería centrarme en el diseño escandinavo.

¿Supongo que tu relación con Dinamarca se ha profundizado a partir de entonces?

Sobre todo, hago visitas profesionales cortas, y cada año sin falta voy a la Feria del Mueble de Estocolmo, la más importante del sector, donde encuentro absolutamente todo lo que me interesa.

¿Por qué decidiste constituir tu propia empresa, Nordicthink?

Por varias cosas. Se despertó mi propio interés cuando empecé a trabajar con la estética nórdica, que coincidió con el tiempo en que aparecieron marcas nórdicas nuevas y los diseñadores daneses jóvenes empezaron a despuntar especialmente. Marcas como Hay, Muuto o &tradition que son ahora mismo muy importantes, tienen casi tienen la misma edad que mi empresa. Era una oportunidad de trabajar en algo nuevo, y además, en el año 2009 y en plena crisis, estas marcas apostaron por precios asequibles. Se juntó todo, y pensé que ahí había una gran posibilidad.

¿Cómo te ha ido?

Pues, muy bien. La verdad es que desde el primer momento funcionó. Empezamos con la página web primero, pero en seis meses ya abrí un salón de exposición. Yo mismo me sorprendí de la respuesta tan rápida. Eso sí, durante los primeros meses la gente me preguntaba que de qué iba esto.

…y a ti te pareció, que en un salón barcelonés encajaría, por ejemplo, una silla nórdica…

Las marcas empezaban a diseñar también, adaptándose a los gustos de fuera de Escandinavia. Capturaban lo mejor del diseño danés, actualizándolo. Efectivamente el tiempo me ha dado la razón con el éxito del diseño nórdico en lo que a mobiliario se refiere. Y es que al estar ya allí, hemos tenido una posición privilegiada. Nos aprovechamos de alguna manera de la inercia positiva que empezó a aparecer progresivamente en aquellos años.

Todo lo que es nórdico se ha puesto de moda, y han aparecido muchas marcas de este tipo. ¿Cómo lo has notado en tu negocio?

Ha sido una locura, incluso se ha desvirtuado un poquito el concepto más puro. Pero a  nosotros nos ha ido muy bien esa tendencia porque ya estábamos muy bien situados.

¿Qué es lo que diferencia un mueble danés de un mueble español?

Cada vez se han ido mezclando más los diseños, pero la diferencia radica principalmente en que los diseños nórdicos son de líneas muy sencillas. Eso se da prácticamente siempre. También hay que destacar el uso de los materiales. En el caso concreto de las maderas, suelen ser maderas mejor tratadas, más naturales y con un tacto más agradable. Aquí la gente está acostumbrada a materiales muy barnizados, muy protegidos, incluso con brillo. Ha costado explicar que la madera natural envejecida también es bonita. Asimismo, el uso de la luz es diferente. Con menos intensidad de luz el resultado es igualmente bueno. Así pues, la iluminación, las maderas y  las líneas sencillas son las características nórdicas más representativas.

¿Los nórdicos como personas van acorde con su diseño?

¡Totalmente! Se nota ya en la gestión misma de las empresas. Visitas oficinas en Copenhague y ves que están abiertas, no hay un despacho para el jefe, y da la sensación que todo el mundo está en el mismo nivel, todo es más relajado, lo que supone un contraste con nosotros. Además, se trasmite mucho en los productos, con diseños muy tranquilos, honestos, muy sencillos. No tienen truco, por decirlo así. Todo es muy transparente, tal cual. La relación es muy fácil. Es muy fácil ponerse de acuerdo con un danés, todo se hace muy rápido, son como su diseño.

¿Te sorprendió la eficacia nórdica?

Indiscutiblemente. La optimización de los recursos, el pragmatismo, y cómo de ágiles pueden llegar a ser en hacer gestiones es algo extraordinario allí.

Empezaste hace siete años. ¿Contento?

Sí, la evolución ha sido muy positiva. La primera conclusión es que tuve mucha suerte y muy buen ojo cuando me pareció que aquellos productos tenían un gran potencial en el futuro. Es una gran satisfacción pensar que estuvimos en el momento adecuado y con la gente adecuada, y que a pesar de las complicaciones fui casi el único que prestó atención a las marcas nórdicas. Y aún es mejor cuando ves que el tiempo te da la razón.

Además de importar diseño nórdico a España, estudias danés en Institut Nòrdic. ¿Qué tal te va con el idioma?

Me gusta mucho ir a las clases. Me lo paso muy bien y disfruto mucho. En este momento ya puedo entender más cosas. Por ejemplo, ya puedo seguir gente en Instagram en danés. Incluso me compro revistas de diseño danesas.

https://es.nordicthink.com/

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