Sesiones informativas – sueco, noruego, danés y finés


¿Te interesa estudiar algún idioma nórdico en Institut Nòrdic? 

Si es así, no te pierdas las sesiones informativas online que ofreceremos próximamente. Además de dar a conocer las diversas lenguas nórdicas, también servirán como presentación del funcionamiento de las clases en Institut Nòrdic.

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Cursos intensivos de verano 2020 – ¡Todos los cursos online!

Cursos intensivos de verano 2020

Aprende un idioma nórdico con los cursos intensivos de verano de Institut Nòrdic.

Matrícula abierta para los cursos intensivos de verano 2020

Como cada año, Institut Nòrdic vuelve a organizar cursos intensivos de verano de los idiomas de los países nórdicos: sueco, noruego, danés y finés. Esta vez, realizaremos todos los grupos en modalidad online en Aula Virtual y, de esta manera, podrás abrirte camino al norte con Institut Nòrdic, estés donde estés.

Los intensivos de verano son una excelente manera de arrancar con el aprendizaje, ya que al ser cursos con buen ritmo es posible avanzar mucho en poco tiempo. Además, aprobando el curso, podrás continuar en el siguiente nivel en otoño. Es decir, podrás realizar dos cursos completos en un año.

Estudiar online en Aula Virtual de Institut Nòrdic es muy parecido a hacerlo de manera presencial. El entorno didáctico incluye los elementos esenciales para el aprendizaje: contacto audiovisual, pizarra digital, chat instantáneo, y la posibilidad de compartir la pantalla y los documentos. Y con acceso desde cualquier parte del mundo.

Los cursos están destinados a todos los que necesiten, quieran o simplemente tengan curiosidad por aprender cualquier idioma nórdico. El idioma de instrucción en las aulas es el español.

La matrícula está abierta hasta inicio de curso o hasta completar las plazas. Puedes matricularte a través del formulario online disponible en nuestra web.

Idiomas: sueco, noruego, danés y finés

Fechas: 25/6/20 – 22/7/20 (ambos incluidos)

Niveles: A1 (todos los idiomas) y A2 (noruego y sueco)

Precio: 410 €, matrícula, certificado y material incluidos (envío a España, 10 € más)

Horarios: 1 hora y 45 min de clase, cada dia, de lunes a viernes. 20 sesiones lectivas. 

Profesorado: 

Sueco: Amanda Monjonell/Dea Mansten/Adam Gustaffson
Noruego: M. Hansen
Danés: B.Hansen/L.B. Bander
Finés: Hannu Arvio

¡Ábrete camino al norte! 😁

MÁS INFORMACIÓN

Carles Llor, médico e investigador: «En Dinamarca no hay necesidad de ir contra reloj en el trabajo»

Este médico e investigador catalán descubrió de primera mano Dinamarca gracias a la beca que recibió para estudiar en la Universidad de Copenhague durante un año. Ejemplo de que nunca es tarde para aprender, se lio la manta a la cabeza pasados los 50 y se embarcó en aprender danés, algo de lo que se siente muy orgulloso. Afirma que gracias a ello tiene también la posibilidad de trabajar en Dinamarca.

 Por Hannu Arvio

¿Por qué estudias danés?

Todo empezó cuando conocí a un colega mío, también médico, que es danés y estaba viviendo aquí en Barcelona. Se había tomado un año sabático y contactó con un grupo de investigación de la ciudad. Fue en ese momento cuando lo conocí y enseguida entablamos una amistad muy estrecha.

Un día me dijo: «Tienes que venir a Dinamarca, a ver si puedes conseguir una beca». Hace 2 años tuve la oportunidad de solicitar una en mi empresa, el Institut Català de la Salut (ICS) y me la concedieron en la Universidad de Copenhague, así que en ese momento es cuando me entraron las prisas para aprender danés [risas]. Hice el primer nivel (A1) en el curso intensivo de verano con la profesora Bibi Hansen y luego ya seguí estudiando en Copenhague.

Creo que el danés es difícil, aunque tampoco es lo mismo aprender un idioma a los 20 que a los 50 años. Pero siempre digo que la motivación es lo más importante para ver resultados. Estoy muy contento de haberlo hecho: ahora tengo también la posibilidad de trabajar en Dinamarca.

Hablando del idioma. ¿Qué ha sido lo más fácil y lo más difícil del danés para ti?

Fácil, nada. Difícil, todo lo que quieras. Los sonidos nuevos son complicados (por ejemplo, la ‘d’ suave), por no hablar de la gran cantidad de sonidos vocálicos que tiene, que los encuentro muy complejos de articular.

¿Cuánto tiempo estuviste en Dinamarca?

1 año.

Se dice que Copenhague es una de las mejores ciudades para vivir. ¿Cuál es tu opinión?

Es una ciudad amigable, repleta de cultura. También se nota mucho en la educación. La parte negativa es que los precios son bastante elevados, en eso también apunta alto [risas].

Según diferentes estudios, daneses y danesas viven muy felices. ¿Notaste esta felicidad en Dinamarca?

Lo cierto es que no se veía estrés, no se veía gente corriendo todo el día como aquí. Allí se toman la vida con más calma y no hay horarios estrictos en el trabajo. Eso es algo que yo experimenté directamente en la universidad: es una forma de trabajar muy distinta. El trabajo se hace, se discute, tienen en consideración tus puntos de vista, pero no hay la necesidad de ir contra reloj. Además, los daneses son muy metódicos en el trabajo: no se puede pasar a la fase B si no se ha finalizado la fase A.

Otra de las cosas distintas es la puntualidad, lo que me gustaba mucho, así como las llamadas «sesiones-comida»: cada martes había sesiones sobre temática diversa en mi universidad y la gente aprovechaba también para comer.

¿Crees que las condiciones laborales son la razón por la que se sienten tan satisfechos con su vida?

Yo creo que esa forma de vida más relajada les permite disfrutar más de las cosas sencillas y de la vida familiar.

Dinamarca apuesta con fuerza por el respeto al medio ambiente y por las energías renovables. ¿La filosofía go green se percibe en Dinamarca en la vida cotidiana?

Existe una diferencia abismal respecto a nuestro país en este tema. A parte de las bicicletas, que es el medio de transporte más idiosincrático de Dinamarca, se ven muchos coches eléctricos por la ciudad y es fácil localizar puntos donde cargarlos. El transporte público también es de muy buena calidad. Poder atravesar durante el día arterias principales de la ciudad sin ver vehículos privados es una delicia, y algo que me da mucha paz es el silencio que hay en general, para nada como aquí.

Dinamarca es un país famoso por su hygge. ¿Cómo lo definirías?

El hygge es algo que parece muy fácil pero no lo es. Consiste en sentir felicidad por las cosas sencillas. Parece muy banal que un concepto como este se exporte, pero no es así. Pienso que dice mucho de la cultura de Dinamarca y de su gente.

Esther Andrés, médica en Estocolmo: «Estoy muy feliz aquí y hace mucho tiempo que dejé de pensar en volverme a España»

Todo empezó hace unos siete años con un fuerte deseo de cambiar aires. Esta zaragozana extrovertida y habladora (ahora también en sueco) se marchó con su pareja, Gabriel, a hacer una estancia en Pello, un pueblo en la Laponia finlandesa pegado a Suecia. Ahora trabaja como médica de familia en Estocolmo y se muestra contenta e integrada. Tiene claro que su vida está en Suecia y volver no está en sus planes. Ha estudiado sueco en Institut Nòrdic mediante clases particulares en Aula Virtual.  

 Por Hannu Arvio

Esther y su pareja, Gabriel, han encontrado en Suecia un lugar ideal para vivir en familia.

¿Cómo iniciaste el camino desde Zaragoza hasta Estocolmo?

Cuando estaba haciendo la especialidad de medicina de familia nos daban la posibilidad de hacer rotaciones en el extranjero. A mi pareja, Gabriel, le resultaba difícil encontrar trabajo en España, mis condiciones en el hospital eran las que eran y nos apetecía irnos a ver cómo estaban las cosas en otros países de cara a un futuro un poco mejor. Encontré un intercambio y en principio iba a ir a Alemania, pero en el último momento me lo cancelaron. Más tarde encontré un lugar para hacer rotación en Finlandia, concretamente en Pello (Laponia). Y allí me fui en abril de 2013.

Entonces, ¿fue una casualidad que te encontraras de repente en la Laponia finlandesa?

Así fue. Nunca nos habíamos planteado mudarnos a un país escandinavo. Habíamos hablado de lo típico, como por ejemplo ir a Reino Unido, que es lo que oyes y que conoces, y tal vez Francia o Alemania, pero ni de casualidad pensaba en marcharme a Escandinavia.

Ahora te encuentras en Estocolmo, la capital de Suecia. Pello y Estocolmo no están cerca, precisamente…

El centro de salud de Pello está en la frontera con Suecia y colaboran mucho entre los dos países. Conocí al jefe del centro de salud de Suecia y después de visitarlo me ofreció la oportunidad de acabar mi especialidad allí. Lo comenté con mi pareja y nos pareció bien: el frío no nos echó atrás. La experiencia en Finlandia fue excelente, tengo todavía amigos y hablo mucho con ellos y fueron los que precisamente me aconsejaron que aprendiera sueco: es mucho más fácil y, además, pagan mejor. Pero al final no pude ir a la Laponia sueca para hacer la especialidad, no nos salió por el retraso burocrático, y la acabé en Zaragoza. No obstante, continuaba estudiando sueco mientras iba mirando ofertas de trabajo en Suecia y en esas encontré un centro de salud en Estocolmo. El jefe era un español que me invitó a hacer una entrevista de trabajo, a pesar incluso de que mi sueco no era muy bueno.

¿Cuándo fue eso?

Hacia noviembre de 2014. También me enteré de que estaban buscando médicos españoles en otro centro de Estocolmo, así que fui a hacer dos entrevistas en un fin de semana y al final me decidí por la oferta en el centro de atención especial, ya que me gustaba más el tipo de trabajo a desempeñar. En ese momento me puse mucho más en serio con el sueco. Durante los últimos tres meses de la especialidad que cursaba en Zaragoza estudié sueco todas las tardes vía online con Dea Mansten, de Institut Nòrdic. Acabé la especialidad el 10 de mayo y el 13 de junio nos mudamos a Estocolmo.

Te veo muy contenta. ¿Todo te ha salido con facilidad?

 La gente dice que he tenido suerte, pero no es así. En realidad, ha sido mucho trabajo. Yo me esforcé, busqué, mandé correos electrónicos y fui a hacer entrevistas. Me lo he currado mucho por mi parte, y sí, luego todo salió bien.

¿Suecia es un buen lugar para ejercer la medicina?

Es completamente diferente al sistema español.

¿En qué sentido?

En todos. Depende un poco del tipo de médico que seas. Yo como médica de familia puedo trabajar en centros de salud, urgencias de atención primaria o en las urgencias de los hospitales, un poco donde quiera. En España en los centros de salud tienes muchos pacientes concentrados al día y muy poco tiempo por paciente; aquí sin embargo dispones de mucho más tiempo para visitar el paciente, aunque la burocracia es inmensa. Pienso que los centros de atención primaria son buenos sitios para trabajar, y como hacen falta muchos médicos de familia, puedes negociar el horario que quieras, trabajar menos horas, reducir la jornada si tienes hijos… Además, el salario es individual: lo pactas, no hay un convenio.

Esther Andrés, en un mercadillo sueco como una sueca más.

¿Está bien pagado el trabajo?

¡Muy bien! En Suecia puedes trabajar sin tener la especialidad, ya que encuentras trabajo fácilmente, pero te pagan entre 3500 y 4000 euros al mes, como mucho. Los que hacen la especialidad sí que suelen llegar a los 4 000 euros; en mi último trabajo como especialista me pagaban unos 7500 euros al mes. ¡Pero ojo! Este salario es antes de descontar los impuestos, que hay muchísimos, aunque de todas maneras, compensa.

La sociedad sueca destaca por contar con numerosas ayudas sociales. ¿Disfrutas de alguna de ellas?

Sí, por ejemplo, cuando tuvimos a nuestro hijo Manuel la baja de maternidad y paternidad fue fabulosa: 480 días, divididos entre los dos por igual. ¡Es fantástico! La educación es casi gratuita: en la guardería pagas, pero muy poco y según tus ingresos. A nosotros nos tocó pagar 140 euros al mes, que es el máximo que se puede pagar. Además, nos dan unos 150 euros al mes por tener el hijo, con lo cual, nos están pagando la guardería. La sanidad es gratuita hasta los 20 años e incluye la atención dental también, e incluso sale gratis ponerse brackets. Suecia es un país pensado para los niños. No es hasta que tienes niños que ves realmente el resultado de los impuestos que pagas.

Muchos españoles que se mudan a los países nórdicos se acaban quejándose un poco del mal tiempo. ¿A ti te afecta el clima nórdico?

Sí, los dos primeros años fueron muy complicados, pero el hecho de estar lejos de mi familia y mis amigos complicó más la adaptación, no tanto el clima. A parte del clima tienes que integrarte en Suecia. Por ejemplo, en la clase de sueco aquí en Suecia pensaba que lo estaba haciendo francamente bien, pero al ir a trabajar no me enteré de nada. Suerte que tenia mi jefe que hablaba español y me iba aclimatando, pero recuerdo que no fue nada fácil. Quizá era demasiado perfeccionista y quería hablar como una nativa. Hoy en día sigo estudiando y perfeccionando el sueco para tener un título y poder estudiar en la universidad, a pesar de que sé sueco y lo hago todo en sueco.

Vives en Suecia y trabajas en sueco. ¿A este paso vas a ser más sueca que española?

¡Es que ya soy muy sueca! Soy una persona muy tranquila, me gusta la vida en casa, me gusta ir a pasear por el bosque con Manuel y con mis perros. Somos muy caseros. Aquí hay mucha paz, a veces demasiada, pero te acostumbras. Cuando vuelvo a España noto que la gente grita mucho y está muy estresada. Eso me agobia y tardo un par de días en aclimatarme a esa realidad.

¿Qué consejos darías a alguien que esté pensando en mudarse al norte?

En general, mi experiencia ha sido muy buena. Estoy muy feliz en Suecia y hace mucho tiempo que dejé de pensar en volverme a España. Allí no puedo tener las mismas condiciones laborables, pero todo depende a qué te dediques. Hace falta personal sanitario, pero también muchos amigos míos son arquitectos y están muy contentos. Soy una entusiasta de los países nórdicos, pero tienes que saber a qué vienes. No vengas sin trabajo o sin nada concreto: no son países baratos para vivir. El carácter y la visión de cada uno también juega un papel fundamental: si eres de estar todo el día en la calle, desde luego, este no es tu sitio. Pero pienso que los países nórdicos dan mucho, en especial a los que tenemos familia.

Estudiar en Finlandia

Con este artículo iniciamos una serie de 4, en los que hablaremos de cómo es estudiar en Finlandia, Suecia, Dinamarca y Noruega.

Empezaremos por Finlandia, país famoso por su excelencia académica, ideal para los que se planteen ampliar su formación.

En Finlandia estudiar es gratis para los ciudadanos de la Unión Europea. Además, para los finlandeses el estado otorga unas cuantiosas ayudas para que puedan desarrollar su carrera en igualdad de condiciones económicas. La oferta educativa en Finlandia es mayoritariamente en finés o en sueco (ya que esta última lengua es también oficial en el país), pero existe una amplia oferta de estudios en inglés, lo que facilita la entrada a los extranjeros que no sepan finés ni sueco. Los estudiantes reciben muy buen trato en Finlandia: además de estudiar gratis, tienen acceso a viviendas estudiantiles, descuentos importantes en transporte y pagan mucho menos por la comida de los restaurantes de las universidades, ya que está subvencionada por el estado.

En este articulo nos centraremos en hablar de los estudios superiores en inglés que se pueden cursar en Finlandia, ya que suele ser opción más habitual para los extranjeros que van a estudiar al país. Aunque conocer el finés es un punto muy a favor, existen un total de 13 universidades generales y 23 universidades de ciencias aplicadas (UCA) que ofrecen formación superior en inglés y la cifra anual de estudiantes internacionales asciende a 20 000. Tanto en https://www.studyinfinland.fi/, el portal de la Agencia Nacional Finlandesa para la Educación, como en https://studyinfo.fi/ puedes ampliar la información de este artículo si lo deseas.

Por N.Ollero

Biblioteca principal de la Universidad de Helsinki. Foto: Team Finland

¿Qué ámbitos de estudio están disponibles?

Los estudios abarcan 10 áreas de conocimiento diferentes:

  • Agricultura, silvicultura, pesca y veterinaria
  • Artes y humanidades
  • Finanzas, administración y derecho
  • Educación
  • Ingeniería, industria y construcción
  • Sector sanitario y asistencial
  • Tecnologías de la información y la comunicación
  • Ciencias naturales, matemáticas y estadística
  • Ciencias sociales, de la información y periodismo

 

¿A qué universidades puedo acudir y qué puedo estudiar en cada una?

Si quieres consultar información de qué estudios se pueden cursar en cada unas de las 13 universidades generales y de las 23 UCA disponibles, entra en https://www.studyinfinland.fi/universities-list-view. En la página podrás ver también un mapa con la ubicación de los centros.

¿A qué tipo de formación superior puedo optar?

Los estudiantes pueden optar a cursar estudios de grado y másteres (unos 400 en total), así como doctorados. Puedes consultar toda la oferta lectiva aquí.

Estudios de grado (bachelor’s degree)

En las universidades de ciencias aplicadas (UCA), los estudios de grado constan de entre 210 y 270 créditos ECTS y duran entre 3,5 y 4,5 años, según cada caso. En cambio, en el resto de universidades están formados por 180 créditos ECTS y tienen una duración de 3 años.

Másteres

Si deseas cursar un máster, es necesario que ya hayas obtenido un grado o estudios equivalentes; si deseas hacerlo en una UCA además es necesario que cuentes con 2 años de experiencia en el sector.

Los másteres universitarios requieren de 2 años de estudio a tiempo completo y constan de 120 créditos ECTS, mientras que los másteres de las UCA duran entre 1 y 1,5 años en completarse y tienen entre 60 y 90 créditos ECTS.

Doctorados (Phd)

Los doctorados los imparten las universidades únicamente, no las UCA, y para optar a cursar uno debes haber aprobado un máster antes. Acostumbran a durar unos 4 años y es necesario completar 240 ECTS para superarlos.

 

¿Cómo puedo solicitar la admisión?

Fechas de solicitud de la admisión

Las solicitudes para cursar estudios superiores en inglés suelen estar abiertas desde finales de noviembre hasta mediados de enero, aunque algunos programas pueden tener otras fechas o requisitos de solicitud diferentes. Puedes consultar la relación de estudios y los periodos de admisión de cada programa en esta página, fijándote en que esté marcado como filtro «Language of instruction: English».  Si el periodo para presentar la solicitud está abierto, podrás rellenarla y mandarla en esa misma página del programa, en el botón «Fill in application» situado en la columna derecha. Si necesitas más ayuda con la solicitud, una de las mejores opciones es visitar la página web de la universidad donde vayas a estudiar o ponerse en contacto con su servicio de admisión.

Nivel de inglés necesario

Si no eres un hablante nativo de inglés, es muy probable que necesites demostrar tu nivel. Las pruebas más aceptadas suelen ser IELTS y TOEFL, si no se especifica otra.

Confirmación de la admisión

Una vez que la universidad te acepte como estudiante, recibirás una carta de admisión oficial con las instrucciones para confirmar tu plaza y con la que podrás empezar a tramitar el permiso de residencia como estudiante. Cualquier persona que vaya a Finlandia a estudiar durante un periodo superior a 90 días lo necesita. Puedes consultar toda la información sobre los permisos de residencia estudiantiles en este enlace.

Al solicitar el permiso de residencia, es posible que debas acreditar tener medios suficientes para vivir en el país durante tu estancia, así como tener un seguro. Los gastos de un estudiante oscilan de media entre los 700  € y los 900 €.

 

¿Puedo solicitar una beca?

Ningún ciudadano de la Unión Europea (UE), del Área Económica Europea (EEA) ni de Suiza tiene la obligación de pagar tasas educativas. Si no tienes claro si debes pagarlas o no, entra aquí.

Si eres de otro país y quieres cursar estudios de grado o un máster, puedes solicitar una beca. En esta página encontrarás todos los detalles sobre las becas en Finlandia. Debes tener en cuenta que cada universidad es responsable de su propio programa de becas y que normalmente hay que pedirlas en la misma solicitud de admisión.

Si vas a estudiar un doctorado estás de suerte, ya que no necesitarás pagar tasas educativas, sea cual sea tu nacionalidad, pero sí que tendrás que poder costearte la vida. Además de las becas de cada universidad a tal efecto, existe el programa de becas nacionales EDUFI y The Finnish Government Scholarship Pool.

«Libres, hasta en el amor» —Libertad individual e igualdad de oportunidades en Finlandia

 

Los países nórdicos tienen un sistema que de entrada resulta paradójico. En esas sociedades el estado exige muchos impuestos y extiende sus tentáculos por todos lados, pero, a la vez, sus ciudadanos son los más libres de todo el planeta. ¿Cómo es posible? La respuesta no es sencilla, pero tiene mucho que ver con su concepto de libertad individual e igualdad de oportunidades. 

(Este artículo corresponde a la charla programada para el 13/3/20 en el marco de la actividad Mirada nórdica. Para más información e inscripciones, visita este enlace).

Por Hannu Arvio

Según Freedom House, Finlandia es el país más libre del mundo, con una puntuación máxima de 100 sobre 100.

«Soy de Oulainen, un pueblo situado en la región de Ostrobotnia del norte. Allí vive mi prima, enfermera, casada y con dos hijos pequeños. De hecho, la última vez que fui al pueblo y nos vimos estaba felizmente embarazada del tercero. Además, me contó que iba a hacer un cambio importante en su vida. Su trabajo de enfermera, el sueldo, las responsabilidades y los turnos de noche ya no le satisfacían, por lo que tenía intención de cambiar de oficio y hacerse ingeniera forestal, ya que había logrado entrar a estudiar esa carrera. A pesar de su situación, atareadísima con la familia, enfrentaba esta nueva oportunidad con mucha confianza y tranquilidad: parecía ser dueña de su vida, libre. Y así es. La libertad que tiene mi prima en Oulainen no la tienen muchas mujeres embarazadas con hijos en el mundo. En Finlandia su cambio de vida es posible, porque ella no está sola, ni la apoya únicamente su familia, sino que detrás de ella hay un país entero.

Mi prima, como cualquier ciudadano o ciudadana de Finlandia, goza de un apoyo por parte del sistema que le permite sentirse libre. Siendo madre de dos criaturas (casi tres) puede decidir si quiere estudiar o no, sin perjudicar a su entorno más cercano. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, sus hijos estudian y comen gratis en una escuela pública de calidad, como todos los niños finlandeses; es decir, cualquier cambio en los ingresos familiares no afecta el nivel educativo de los hijos. Estudiar de adulto y a tiempo completo está subvencionado y es gratuito: no representa un gasto, sino que el estudiante recibe un sueldo proporcional al salario anterior a los estudios. Sí, supone una reducción de los ingresos; sin embargo, no se convierte en ningún inconveniente más allá para la vida familiar.

Los más libres

La libertad individual de que goza mi prima requiere una base, que en el norte es sólida. Según el informe anual de Freedom House (2019), los finlandeses, junto con los suecos y los noruegos, son los más libres del mundo. Esta entidad no gubernamental mide la libertad a partir de dos variables principales: por una parte, los derechos políticos y por otra, los derechos civiles. En las dos áreas hay múltiples variables, como, por ejemplo, el derecho a la participación política, la libertad de expresión, la protección de las minorías, el funcionamiento de la administración, el grado de corrupción, la libertad para organizarse, el procesamiento jurídico y el derecho a elegir el estado civil de cada uno, entre otras. Freedom House afirma que Finlandia es el número uno, con matrícula de honor, con una puntuación máxima de 100 puntos sobre 100.

No obstante, hay algo más que explica la facilidad con que los nórdicos pueden mejorar su vida si lo desean. En Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia el concepto de libertad tiene una vertiente excepcionalmente significativa: la igualdad de oportunidades, que permite que todos puedan prosperar en la vida con independencia de la posición socioeconómica de sus padres o de su entorno más próximo.

Igualdad de oportunidades

El estudio sobre movilidad social de World Economic Forum mide la capacidad de los descendientes de personas con ingresos bajos a la hora de alcanzar el nivel de ingresos medio del país, y los países nórdicos encabezan la clasificación en el informe del año 2019. Si naciste en una familia con pocos recursos en Dinamarca, te llevaría al menos dos generaciones llegar a la media de ingresos, o tres en Suecia, Finlandia y Noruega; en Francia necesitarías seis generaciones y en Brasil nueve. Según World Economic Forum, las consecuencias de la falta de ascenso social las sufre toda la sociedad, no solo los más desfavorecidos, dado que el capital humano es el factor más importante para impulsar el crecimiento económico en el mundo moderno. Sin políticas de igualdad de oportunidades ese capital no da su mejor rendimiento, un argumento muy utilizado en los países nórdicos.

Cuando unimos esas políticas de la igualdad de oportunidades con la libertad individual estamos cerca de lo que es la esencia del funcionamiento de las sociedades nórdicas. En Finlandia eso se percibe con mucha claridad en el sistema educativo, que es una de las fábricas de igualdad y libertad que mejor funcionan. Elogiado por todo el mundo, este sistema ha logrado algo difícil: proporcionar una educación de calidad para todas las personas, con independencia de su poder adquisitivo. En Finlandia la educación es pública y gratuita casi al 100 por cien desde la primaria al doctorado, y en las pocas escuelas privadas que hay, no se paga. Además, la presencia de escuelas privadas de pago es anecdótica.

De la miseria a la excelencia

A pesar de que en la actualidad Finlandia es un feroz defensor de las políticas de igualdad de oportunidades, no siempre ha sido así. Hace cien años (concretamente en 1918, justo después de conseguir la independencia de Rusia), el país quedó fuertemente dividido por una sangrienta guerra civil cuyo origen fue una profunda injusticia social. Una parte de la población concentraba muchos recursos, mientras que la mayoría de ciudadanos vivía en condiciones muy precarias. Finlandia estaba a la cola de Europa en todo: era un país periférico, agrario y donde la mitad de los jóvenes de 15 años ni siquiera sabía leer. La primera ley de la educación obligatoria del país, que data del año 1921, fue una de las últimas del continente y su aplicación en todo el territorio no llegó hasta los años 50.

El acceso a la educación posobligatoria dependía de los ingresos de cada familia hasta principios de los años 70. Para enmendar la situación, se aprobó con un consenso amplio un sistema educativo nuevo en que la educación iba a ser gratuita por completo, con materiales, transporte y comida incluidos. Además, los municipios pasaron a gestionar la educación obligatoria, dentro de un marco común curricular estatal. La meta era subir el nivel de la cultura general de todos los finlandeses. A partir del año 1972, desde el norte del país y avanzando de pueblo a pueblo hacia el sur, se implantó una red nueva de escuelas públicas. Finalmente, en el año 1977 todos los niños finlandeses empezaron su camino escolar en las mismas condiciones. El símbolo del elitismo educativo, representado por los centros privados, desapareció: la escuela debía ser de todos y para todos, y a partir de ese momento se convirtió en uno de los pilares de la igualdad de oportunidades.

Movilidad en todos los ámbitos

Pero en Finlandia las políticas de igualdad de oportunidades no se limitan solamente al mundo educativo, ya que las posibilidades de cambio, las oportunidades, van surgiendo durante toda la vida. ¿Tengo hijos? ¿Cambio de carrera? ¿Estudio? ¿Me mudo? ¿Compro una vivienda? ¿Me monto un negocio? ¿Me enamoro? ¿Me caso? Todos nosotros nos planteamos asuntos similares en algún punto de nuestra existencia. Las respuestas dependen de muchos aspectos, pero, habitualmente, todos los cambios están ligados a la cantidad de dinero de que dispongamos: cuanto menos tienes por perder, más arriesgas. En Finlandia cambiar de vida está al alcance de todos: las leyes y las costumbres fomentan la libertad individual y los cambios son fáciles de ejecutar.  

Por ejemplo, las subvenciones por tener hijos son cuantiosas, estudiar es gratis y, además, el estado paga a los estudiantes por hacerlo. Pero hay más. Incluso mudarse es simple, ya que todos los pisos de alquiler tienen que ser aptos para entrar a vivir: con nevera, horno y encimera. El papeleo de compraventa de una vivienda es escaso y los costes son reducidos. El impuesto de tramitaciones patrimoniales para pisos es del 2,0 %, para casas del 4,0 % y la primera vivienda queda exenta de impuestos. Otro punto importante es que emprender está al alcance de todos, debido a que hay poca burocracia a la hora de crear un negocio: cuesta entre 60 y 360 euros, dependiendo del tipo de empresa, y el empresario no empieza a pagar impuestos hasta que emite la primera factura.

Amar sin fingir

Las libertades individuales y la igualdad de oportunidades se solapan de tal manera en Finlandia que hacen que un ciudadano finlandés se sienta (y de hecho, lo es) libre, dueño de su vida. Los tentáculos del estado del bienestar nórdico llegan a todos los rincones y áreas de la sociedad y generan tanto apoyo y libertad que no es exagerado afirmar que los finlandeses son libres, incluso en el amor.

Hace unos años, el historiador sueco Lars Trägårdh y su colaborador, el periodista Henrik Berggren, formularon la teoría sueca del amor, según la cual el amor verdadero solo es posible entre personas independientes e iguales; por lo tanto, no resulta sorprendente que su tesis, en efecto, se aplique también en Finlandia. Veámoslo.   

La escasez de libertad económica hace que dependamos de los demás: los hijos adultos dependen de sus padres, los cónyuges, uno del otro, y los mayores, de los hijos. Además, a la hora de relacionarse el dinero se convierte en un intruso corrosivo; si una persona con pocos recursos se relaciona con alguien de alto poder adquisitivo, este último sospechará de la honestidad del primero, así como el empleador no confiará en el empleado y viceversa. Las relaciones no serán auténticas porque la dependencia de la otra parte respecto al dinero fomenta que se corrompan las relaciones interpersonales.

En Finlandia las relaciones tienen muchos números de ser enormemente honestas. La razón de ello es que el amor entre padres e hijos adultos, amigos, hermanos o dentro de una pareja se forma entre personas libres entre sí. El amor tiene poca relación con lo económico y los ciudadanos no están supeditados a ataduras entre ellos si no quieren. A nadie le es necesario pedir dinero a sus allegados para avanzar en la vida, porque es el sistema el que proporciona todas las herramientas necesarias. Esto tiene una consecuencia importante en el bienestar de la sociedad: la libertad de vivir sin fingir ante nadie.

Contentos con su sistema

Para crear, mantener y actualizar constantemente un sistema inclusivo con igualdad de oportunidades, se requiere un amplio sector público, que en Finlandia es uno de los más grandes del mundo en proporción al tamaño del país. Evidentemente, eso supone aplicar unos impuestos elevados (de media, un 28 % del sueldo), aunque el porcentaje varía en función de los recursos económicos de la persona. Pero, aún así, los finlandeses parecen estar conformes con su sistema. Según una encuesta del año 2019 de la agencia tributaria finlandesa, Verohallinto, el 80 % de los finlandeses decían estar contentos pagando sus impuestos y el 98 % opinaba que pagarlos es importante para mantener el sistema de bienestar del país. De igual modo, todos los actores políticos en Finlandia avalan las políticas de igualdad de oportunidades y libertades individuales aplicadas: desde la extrema izquierda hasta la derecha están de acuerdo en que los beneficios humanos, económicos y políticos que se derivan de ellas superan con creces los costes.

¿Y si no?

Finlandia no es un país perfecto, puesto que tiene problemas con la violencia de género, el abuso de alcohol, la marginación social, la despoblación y, últimamente, la baja natalidad. Pero, en ese país los contratiempos no llegan al nivel de los desafíos a los que se enfrentan en muchos lugares en el mundo. Los finlandeses viven muy bien, tranquilos, contentos y en paz en su pequeño país del primerísimo mundo, donde reina la confianza entre sus ciudadanos y donde se aprueba con una amplia mayoría un sistema que permite avanzar en la vida y en el que nadie ocupa un puesto sin merecerlo. Llegados a este punto es cuando surge la pregunta casi obligatoria: si Finlandia hubiera continuado como hace 50 años, es decir, sin igualdad de oportunidades y sin libertades generalizadas, ¿cómo sería ahora? La respuesta es difícil de saber, pero seguro que no estaríamos ante un país laureado en diversos ámbitos, sino ante otra cosa. ¿Qué cosa? No lo sabemos».

 

El autor es periodista y profesor de finés en Institut Nòrdic

 

Fuentes:

Freedom House

World Economic Forum

La constitución finlandesa

Heikki Hiilamo: Uusi hyvinvointivaltio (El nuevo estado de bienestar)

Anu Partanen: The Nordic Theory of Everything

vero.fi (Agencia tributaria de Finlandia)

yrittajat.fi (Asociación de emprendedores finlandeses)

kuntaliitto.fi (Municipios finlandeses) 

Programas de los partidos políticos finlandeses

https://es.wikipedia.org/wiki/Contrato_social

YLE, «mitä maksaa?» Entrevista a Juhani Koponen y Sakari Saaritsa. Autores del libro Nälkämaasta hyvinvointivaltioksi. (De un país hambriento al estado del bienestar nórdico)

Entrevista a Adam Gustafsson, profesor de sueco en Institut Nòrdic: «Me ha sorprendido que haya tanto interés en estudiar sueco en Barcelona»

Desde Värnamo (Småland), pasando por Oslo, Detroit, Malmö, Lund y, finalmente, aterrizando en Barcelona, este profesor de sueco de 31 años ya ha dado muchas vueltas. Desde hace cuatro años vive en el barrio de Sant Antoni, que le encanta, pero al mismo tiempo valora mucho su país natal, Suecia.

Entrevista por Hannu Arvio

– Hace aproximadamente un año que ejerces de profesor de sueco en Institut Nòrdic. ¿Cómo valoras la experiencia?

– Bueno, con Institut Nòrdic ejerzo de profesor para adultos, pero también soy profesor de sueco para niños. Sinceramente, me sorprendió que hubiera tanto interés en aprender sueco, nunca pensé que pudiera existir una escuela destinada a aprender sueco en Barcelona.

– ¿Cómo es el típico estudiante de sueco?

– Es difícil definir un único tipo. Sí que hay muchas personas que lo estudian porque su pareja es de Suecia y, aunque tienen contacto con el idioma por esa vía, no disponen de habilidades comunicativas suficientes para utilizarlo. Quieren marcharse allí en un futuro a vivir o a trabajar y, además, desean poder comunicarse con sus suegros y demás familiares. Aunque hay otros tipos de estudiantes, en lo que todos coinciden es en tener una gran motivación y ganas de aprender. A veces incluso se fijan tanto en los detalles del idioma que tengo que decirles que no se fijen en eso, que no es importante.

– ¿Qué es lo más fácil del idioma sueco para un castellano o catalanohablante?

– Lo más fácil son los verbos, porque en sueco se suelen usar en especial 3 formas verbales y, en cambio, en español hay muchísimas. Lo más difícil son probablemente ciertos aspectos gramaticales relacionados con la estructura de las frases, así como ciertas cuestiones de los pronombres.

– ¿Podrías decir alguna palabra que resulte especialmente difícil de pronunciar para los castellano y catalanohablantes?

Sjuksköterska (enfermera); nadie la dice bien. Algunos están cerca, pero no lo logran, ya que esos sonidos, que son como «sj» y «sk» son muy complicados para todos, sean del nivel que sean.

– Pero supongo que es posible comunicarse bien en sueco sin llegar a este extremo…

– Sí, por supuesto, esa palabra solo es como una broma, la típica palabra que nadie puede pronunciar bien.

-Como sueco que eres, ¿qué es lo que más valoras de la cultura y la sociedad sueca, tan ligada al estado del bienestar?

– Claramente, la educación gratuita. Incluso si viajas para estudiar, puedes obtener un préstamo del gobierno a un interés muy bajo y tienes casi toda la vida para pagarlo, no te presionan demasiado para devolverlo. Ese préstamo suele cubrir casi la totalidad del importe y tú lo vas pagando después. También valoro mucho el sistema sanitario sueco, igualmente gratuito.

– ¿Dónde estudiaste?

– Estudié en Malmö y en Lund, dos poblaciones muy cercanas al sur de Suecia.

– ¿Cómo era tu vida allí como estudiante?

– De hecho, nunca llegué a pedir un préstamo al gobierno, pero lo que sí recibí son los 300 € mensuales aproximadamente que cada estudiante obtiene del estado simplemente por estudiar. Por suerte, contaba con mis padres, que me pudieron ayudar aportándome el resto que necesitaba al mes para vivir, algo así como otros 300 €, de modo que pude pagar el alquiler y vivir fuera tranquilamente.

-¿Dónde fuiste cuando te marchaste de casa?

-La primera vez que me marché de casa no fui directamente a la universidad, sino que me mudé a Noruega. Tenía 19 años y nunca antes había vivido solo. Una vez en Noruega me dirigí a Oslo, donde ejercí de profesor de guardería durante un año aproximadamente. Luego me marché a EE. UU. para trabajar de au-pair durante otro año y, entonces, me mudé a Malmö y empecé la universidad.

– ¿Es típico para los estudiantes suecos eso de marcharse fuera y recorrer mundo?

– En general, viajar es algo importante para los suecos, pero todavía más para los que viven en ciudades no muy grandes, ya que tienen mayor necesidad de conocer qué hay más allá. En las grandes ciudades sienten un poco menos esa necesidad porque es como que ya viven en un «gran mundo».

– Suecia es un país tranquilo y relajado. ¿Cómo es para ti Barcelona? ¿Hay algo que eches de menos de Suecia?

– Echo de menos la tranquilidad. Incluso cuando vivía en una gran ciudad como Malmö, cuando entraba en mi apartamento podía sentir el silencio, la calma. Esto no pasa en Barcelona; pero, por otro lado, esta ciudad tiene mucha vida. Siempre hay cosas para hacer y ver. En Suecia los veranos son muy alegres, todo el mundo sale y hace cosas, pero cuando llega el invierno la gente ya se recluye en casa. Aquí no es así; no importa el momento del año que sea, te pones el abrigo y sales. También echo de menos saber en profundidad cómo funcionan ciertas cosas del sistema: normativas, ayudas, etc. Llevo 4 años viviendo aquí pero aún hay cosas que no comprendo del todo cómo funcionan.

-Comentas que llevas ya 4 años aquí, así que es de suponer que te encuentras a gusto en Barcelona. ¿Por qué decidiste venir y qué ha hecho que te quedes tanto tiempo?

-Es una historia divertida. Mi novia y yo somos suecos, pero yo vengo del sur y ella es del norte. Un día nos preguntamos: «¿Por qué no vamos a España 6 meses, aprendemos algo de español y tal?». Entonces cuando se cumplieron los 6 meses, dijimos: «Bueno, por qué no nos quedamos un poco más, algo así como 1 año y luego volvemos?». En ese momento empezamos a hablar de dónde iríamos a vivir una vez en Suecia y de repente vimos que no lo teníamos claro. Como teníamos trabajo, un piso acogedor y estábamos bien, decidimos quedarnos más tiempo aquí y contar con más margen para tomar esa decisión. Lo que acabó ocurriendo es que nos dimos cuenta de que disfrutamos mucho de Barcelona y nos encanta, así que al final nos compramos un piso.

– ¿Cómo es tu vida social aquí? ¿Tienes relación con nórdicos?

– Tengo varios amigos, pero la gran mayoría son británicos, ya que trabajé en una escuela de inglés antes de ser profesor de sueco y la mayoría de amigos que conservo son de esa etapa. Tengo varios amigos españoles también, pero desafortunadamente la mayor parte están en el resto de España, no en Barcelona.

Entrevista a Lea Beliaeva Bander, profesora de danés: «Los daneses somos tan felices porque tenemos confianza en la comunidad y en el sistema».

Lea es una profesora con mucha experiencia en la enseñanza de danés para extranjeros, primero en Copenhague y ahora en Institut Nòrdic, en Barcelona. Se sentía contenta en Dinamarca y también en Cataluña. Según ella, escuchar danés es muy importante para aprender el idioma. 

Entrevista por Hannu Arvio

Lea confiesa que lo que más le gusta de Barcelona es la energía de la gente.

– El danés como idioma tiene ciertas peculiaridades, como la pronunciación. ¿Cuál es el idioma que ayuda más para hablar bien danés?

Mmm…Diría que el danés es más fácil para las personas que hablan alemán, ya que comparte muchas similitudes gramaticales.

– ¿Y qué dificultad comporta para un castellano o catalanoparlante?

– Para los catalanoparlantes es un poco más fácil en cuanto a la pronunciación de las vocales, porque los sonidos de las vocales en ambos idiomas son parecidos. Los castellanoparlantes que no hablan catalán lo tienen un poco más complicado.

– ¿Cuántas vocales hay en danés?

– Buena pregunta: 9 vocales. Pero además hay también muchos otros sonidos vocálicos. Por ejemplo, tenemos la letra Ø, que se puede pronunciar de tres maneras distintas.

-¿Cómo llevan la gramática, tus alumnos?

– Para la gente que viene de una gramática como la española, catalana, francesa o italiana, les resulta muy diferente. Es difícil traducir tal cual las normas desde el danés al castellano, porque la estructura de las frases es bastante distinta.

– ¿Saber inglés ayuda?

– Ayuda un poco, aunque considero que el alemán es el idioma que más ayuda, pero sí que es cierto que hay similitudes en ciertas cosas con el inglés. Las tres son lenguas germánicas, proceden de una misma raíz.

-A ti, como danesa, seguro que aprender alemán, inglés y otros idiomas nórdicos te resulta bastante asequible. ¿Entiendes sueco y noruego?

– Más o menos. Después de 9 años en Copenhague entiendo más el sueco, por la cercanía con ese país, pero antes de mudarme allí entendía mejor el noruego. Ahora lo hago más o menos por un igual.

– ¿Entiendes islandés?

– La verdad es que no. Leyendo se puede entender un poco, pero no mucho.

Tu tienes una larga trayectoria como profesora de danés para extranjeros en Dinamarca; ahora estás aquí en Barcelona, enseñando no a extranjeros sino a locales. ¿En qué se diferencia enseñar danés en Copenhague o en Barcelona?

– Es todo muy diferente. Los alumnos que aprenden danés en Dinamarca viven ahí, por lo que oyen y leen danés a diario. El danés está por todas partes. Aquí no es así y, claro, los estudiantes tienen que esforzarse más. Van más lentos que los que viven en Dinamarca, pero es natural porque no están en contacto permanente con el idioma.

– ¿Hay alguna manera de compensar esa desventaja?

– Sí, claro. La mejor manera de aprender danés si no vives en Dinamarca es ver series o películas, escuchar música… Escuchar es otra manera de aprender un idioma.

– ¿Hay alguna serie que recomiendes a tus alumnos?

Sí, hay dos. La primera se llama «Matador». Es una serie muy antigua que todo el mundo conoce y de la que hay un montón de referencias. Además ahora la cadena estatal de televisión, DR, permite verla con subtítulos, lo que puede ayudar mucho. Para las generaciones más jóvenes, de unos 20 a 30 años, hay otra serie muy nueva sobre los jóvenes de Copenhague que creo que representa muy bien cómo viven y piensan. La serie se llama «29» y las primeras tres temporadas se pueden encontrar en Youtube.

– ¿A qué se debe que ahora haya tantas series danesas (y buenas)?

– Bueno, en cualquier país existen modas. En los últimos años en Dinamarca hay un auge de la novela negra, así como de los libros que destacan conceptos socioculturales daneses como hygge (estar a gusto, cómodo y relajado en un sitio) o lykke (felicidad), porque los países escandinavos tienen esa fama de ser los más felices del mundo, así que creo que esa manera de vivir y pensar es algo interesante.

Has vivido en Copenhague y en Århus… ¿Cuál crees que será la próxima tendencia danesa en exportarse aquí?

– Pues tendrá que ver con el reciclaje, la sostenibilidad, minimizar el desperdicio de alimentos…En Dinamarca es muy común comprarlo casi todo de segunda mano, como ropa, muebles o artículos para el hogar. Es más barato, sostenible y encima se pueden encontrar cosas muy originales y únicas. En cuanto a los alimentos, casi todos los supermercados en Copenhague venden alimentos que están a punto de caducar a un precio reducido y también hay supermercados que se dedican a vender alimentos ya caducados, fuera de temporada o con el envase abollado o roto, como arroz, pasta o verduras.  En Dinamarca es algo muy popular y no solo una tendencia, sino un estilo de vida para muchísima gente.

– ¿A qué lugares nos recomiendas ir?

– Realmente la naturaleza en Dinamarca es muy particular, porque no hay montañas: tenemos colinas y mar por todas partes.  Se puede decir que es más aburrida, pero por otra parte es como entrar en otra dimensión. Me gusta mucho la costa que hay en el sur de Copenhague, que está protegida por la UNESCO, así como la de la península. Recomiendo también ir al campo, sobre todo en verano. Muchos extranjeros conocen Dinamarca por Copenhague, la arquitectura, las bicicletas y todo eso, pero algo muy bonito del país es ir al campo, a los pueblos muy pequeños… Además en el campo la gente es más abierta a la hora de querer conocer a los visitantes, invitarlos…

– Llevas ahora aquí unos meses. ¿Te ha costado integrarte?

– Lo más difícil son los trámites, porque en Dinamarca todo es digital. Necesitas un número de identidad y ya está, no tienes que ir a un montón de oficinas. Todo funciona mucho más rápidamente. Aquí las cosas van más despacio y hay mucha burocracia. He tenido que aprender a tener más paciencia.

– ¿Qué cosas positivas destacarías de Barcelona?

– Lo mejor de aquí es la energía de la gente. Eso de que todo va más despacio es también algo muy bueno: tengo la sensación de que la gente no se estresa tanto como en Copenhague. También un elemento muy importante para mí es el tiempo, que es mucho mejor aquí que en Dinamarca.

– Si en Dinamarca la gente está estresada y el tiempo es malo, ¿cómo es que siempre está a la cabeza de los países más felices del mundo?

– Los daneses somos tan felices porque, en general, tenemos más confianza en la comunidad y en el sistema. El sistema está para ayudarte, y tenemos la seguridad de que lo hará si lo necesitamos. Aquí he hablado con mucha gente y me corroboran que no es de la misma manera. Y esa sensación de seguridad que los daneses tenemos nos da tiempo para hacer otras cosas en lugar de preocuparnos. El estado del bienestar es mucho mejor y eso ayuda mucho.

– ¿Qué 3 cosas de Dinamarca añoras un poco aquí?

– En primer lugar, la familia. Luego también echo de menos una cosa que, curiosamente, antes odiaba de Dinamarca: el sistema. El sistema tiene cosas buenas, pero también te obliga a actuar de cierta manera y te controla. Ahora veo que esta seguridad se traduce en más tranquilidad. Y algo que todavía no he echado de menos por el poco tiempo que llevo son los veranos. Ya veremos cuando se acerque el momento.

Entrevista a Antoni Milán: «Estudio a distancia en una universidad finlandesa a coste cero»

Profesor de matemáticas, estudiante de finés en Institut Nòrdic y ahora también estudiante a distancia en la universidad finlandesa Centria. Antoni Milán se está abriendo camino hacia el norte. Aquí puedes leer su historia.

Al igual que puede hacer cualquier ciudadano europeo, Antoni Milán ha aprovechado para estudiar gratis en Finlandia.

– ¿Por qué empezaste a estudiar finés?

– Empecé a estudiar finés porque conocí hace unos tres años a una mujer maravillosa y me gustaría poder mudarme a Finlandia para vivir con ella.

– Ahora has entrado en otra fase, porque estudias en una universidad finesa pero vives aquí. ¿Qué estudios estás cursando?

– Estoy estudiando para ser programador junior y poder programar con lenguaje Python, un lenguaje bastante usual para crear páginas web y desarrollar entornos de usuarios. En la costa de Ostrobotnia hay muchas empresas suecas y finlandesas que dan servicio en todo el mundo y exportan mucho. Entonces descubrí que la universidad de ciencias aplicadas de Centria, en Kokkola, organiza unos cursos basados en las necesidades de las empresas de la zona, y parece que ahora hay déficit de técnicos, como son los programadores. Me informé y me confirmaron que podía estudiar íntegramente desde aquí.

– Entonces ahora estás estudiando en una universidad finlandesa, pero desde Barcelona. ¿Y qué te cuesta todo eso?

– Es gratis. El sistema finés permite hacer casi todos los estudios sin coste, incluso para los ciudadanos europeos no residentes en Finlandia. En este caso me aceptaron, y no fui el único.

– Eres profesor de matemáticas en un instituto pero estudias para programador júnior, así que estás reorientando tu carrera…

– Aunque no ha sido de mi interés trabajar en el mundo de la programación, creo que es interesante y es una buena oportunidad. Estoy disfrutando al aprender y me ayuda el hecho de tener una base matemática. Si combino estos conocimientos con otras cualidades que pueda ofrecer, quizás alguna empresa me necesite y me contrate.

– ¿Cómo está organizado ese curso a distancia?

– Primero tuve que pasar una fase de selección, porque las plazas eran limitadas. Envié una carta de motivación y expliqué muy bien mis razones y mis habilidades. Me aceptaron. En septiembre me dieron acceso a una plataforma digital con todos los materiales, a través de la cual envío las tareas, recibo los comentarios y tengo conexión con los profesores. También hay mentoring classes, porque el curso es en inglés, aunque hay sesiones que son en finés. Puedo participar por Skype o ver los vídeos después en mi casa. El curso que estoy haciendo tiene además 6 semanas de prácticas en una empresa y estoy esperando a que me asignen una.

– Suena muy bien. ¿Es una muestra de cómo funciona Finlandia?

– Para mí es una muestra de una educación en que el estudiante es el foco de la organización, piensan qué es lo que necesita y qué necesitan las empresas. Es mucho más flexible que aquí: se adaptan los contenidos a la demanda real y la tecnología permite que cada uno estudie a su ritmo.

– Así que las empresas de la zona contactan a la universidad y los cursos se organizan a partir de las necesidades reales del mercado, ¿no?

– Sí, y hay cursos para otro tipos de perfiles necesarios allí, como el de software developer, que sería un desarrollador avanzado. En general en esa zona se requiere personal para trabajar en diversos ámbitos, y la escuela profesional de nivel medio también cuenta con programas para cualquier persona que viaje ahí y quiera incorporarse al mundo laboral. Primero se empieza por la lengua (finés o sueco) y luego se pueden probar diferentes oficios. Hay demanda en muchos puestos y también un sistema de acogida interesante, porque se adaptan a las necesidades de los alumnos y de la sociedad en general.

– Por lo que has contado, entonces las escuelas están muy conectadas con su entorno…

– Claro, porque para ellos un indicador de éxito es que los estudiantes, después de haber pasado por el curso, puedan incorporarse a un puesto laboral o bien seguir estudiando. Si no es así, la escuela incluso puede dejar de recibir los fondos que percibe por impartir esa formación.

– ¿A la larga te ves trabajando allí?

– Es difícil, pero si sigo luchando puede ser que consiga un trabajo allí y entonces me mudaría. Pero esto lo estoy haciendo sin urgencia, no es ahora algo que sea imprescindible. Aquí tengo un puesto de trabajo bastante bueno y, claro, lo que no puedo hacer todavía es renunciar a una gran parte de mi salario por vivir en Finlandia, pero quizás pueda conseguir marcharme allí y tener un salario parecido al de aquí. No se puede tener todo.

– Has estado varias veces en Finlandia. ¿Qué te parece como país?

– Creo que Finlandia es un país donde existen muchas oportunidades. Es un país muy abierto en el que todo el mundo me ha acogido muy bien. De hecho, me resultó fácil hacer amigos y siempre han sido muy amables. Además me encanta particularmente porque la naturaleza está presente por todos lados. Es un país moderno, está bien comunicado y tiene un sistema de vida que permite hacer muchas cosas por la tarde al salir del trabajo. La gente hace deporte, estudia… Se dan facilidades. No tendría problemas para integrarme.

– Aunque siempre se insiste en que hace mucho frío y que todo hay que hacerlo en el interior de los edificios…

– En España no estamos preparados para ese frío, pero en Finlandia sí. Allí nunca tienes frío en casa, y en cambio, yo tengo frío aquí en Barcelona, porque las paredes son muy finas y las viviendas no están tan bien aisladas. En Finlandia, si sales a la calle bien abrigado, no tienes sensación de frío y, de hecho, a mí incluso me gusta ese clima, ya que paso mucho calor en Barcelona. Cada vez que voy allí en invierno me baño en el lago después de la sauna. Este tipo de cosas yo las disfruto. También me gusta esquiar.

– ¿Has aprendido algo nuevo en Finlandia?

– Precisamente yo practicaba esquí alpino en el Pirineo y ahora he aprendido esquí de fondo. También he aprendido que cuando un país protege a los ciudadanos y les da servicios, como por ejemplo en esta escuela que he visitado, donde se promueve que los jóvenes con necesidades especiales vivan de forma independiente, cuando el país en sí está tan bien organizado que protege y ayuda a ser feliz en lo material, uno se siente parte de ese país. Si no recibes nada del estado, no tienes ayuda ni compensaciones, pues no te sientes integrado.

– Digamos que te sientes de alguna forma un patriota finlandés, ¿no?

– Soy muy fan de Finlandia. Incluso cuando estuve allí les pedí que me pusieran una bandera finlandesa en mi pipo, el gorro de lana, aunque dejé de llevarla porque soy consciente que un extranjero luciendo la bandera finesa es un poco extraño. Pero me siento orgulloso de tener relación con Finlandia.

– Si alguien está pensando en acercarse a Finlandia, ¿qué tipo de consejo le darías?

– Yo creo que cualquiera que visite Finlandia, tanto en invierno como en verano, se va a sentir atraído por el país, y si además tiene amigos allí va a sentirse muy bien acogido. No es un país para irse solo, sin conexiones, como ningún otro lo es, pero es abierto y a la gente le gusta conocer otras culturas. Hay muchas opciones y creo que vale la pena probar suerte allí si se tiene una atracción por los países nórdicos como yo la he tenido siempre. Es un lugar interesante, tanto para ir de vacaciones como para estudiar o trabajar.

Aprender un idioma nórdico, abrir una puerta al norte

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Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia tienen en total 27 millones habitantes. Desde el país más grande, Suecia, hasta el más pequeño, Islandia, los países nórdicos destacan en el mundo por su modelo de sociedad del bienestar, la calidad de vida, la igualdad de oportunidades y el buen nivel económico.

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