Tres historias de invierno: Suecia, Finlandia e Islandia

A LA CAZA DE LAS AURORAS BOREALES

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Fotografía de Francisco Mar Rubio, auroras en Jokkmokk (Suecia)


Cuando preguntamos a Francisco Mar Rubio qué significa para él un aurora boreal se producen unos instantes de silencio: “Es como un ser vivo. Hay que estar buscándolas, esperándolas porque se mueven, a veces ocupan parte del cielo y otras todo entero, existen de una gran variedad de colores, verde, blanco y rojo. A los fotógrafos los llaman los cazadores de auroras.”

Francisco Mar es traductor y estudió sueco durante tres años en Institut Nòrdic. Fue durante el segundo año, a raíz de un curso al que se apuntó para fotografiar auroras boreales en Abisko, Suecia, que empezó a sentirse cada vez más atraído por el tema. Después de pasar un mes en Suecia en su búsqueda, se trasladó de un país nórdico a otro a la caza de las mejores auroras. Durante dos años consecutivos viajó a Laponia, estuvo en las Islas Lofoten de Noruega, en Estocolmo y también en Finlandia, siempre durante el invierno, la mejor época para avistarlas.

¿Cuáles son los requisitos para poder fotografiar las auroras? Francisco nos explica que el sol tiene que estar muy bajo en el cielo y este lo más despejado posible. Dirigirse a pueblecitos alejados y oscuros. Para fotografiarlas es indispensable encontrar el equilibrio para soportar las bajas temperaturas ya que durante largas horas el cuerpo estará inmóvil: “Sólo el frío puede congelar la cámara – avisa – y la tienes que acunar entre las manos. El máximo positivo que viví fueron 5º y de negativo pueden llegar a los menos 40º, temperatura que sufrí durante la ola de frío del 2012. Cuanto más tiempo estés fuera mejor, más probabilidades hay de ver una aurora. El mes de febrero es ideal para hacerlo”.

¿El lugar que mejores probabilidades te ofrece para verlas? “Sin lugar a duda el Parque Nacional de Abisko. La latitud en este Parque permite que más auroras se aprecien. Además, en Abisko están equipados con todo el material que puedas necesitar, albergues e incluso monos de astronauta.” Aunque el Parque de Abisko es una muy buena opción para los que no van a poder estar muchos días, Francisco Mar prefiere la belleza del Archipiélago Lofoten. “Es impresionante. El cielo, el silencio, la nieve, nieve y más nieve. Y durante la noche, siempre hay algún resquicio de luz. Sales y no necesitas la linterna porque el sol nunca se acaba de ocultar del todo”.


CONSTRUIR IGLÚS EN FINLANDIA

How to build an Igloo in Swedish Lapland

Construir iglús es una de las actividades a realizar durante el invierno en Finlandia

 

Cristina Porta, estudiante de finés en Institut Nòrdic, pasó seis meses cursando arquitectura en la Universidad de Tampere, Finlandia, y lo hizo durante la estación más fría del año. Asegura que prefiere el invierno al verano ya que no siente predilección por los países mediterráneos: “me gusta la nieve y el país nórdico diferente y lejano que me parecía más atractivo era Finlandia”.

¿La clave para sobrevivir a las bajas temperaturas? Abrigarse mucho y adquirir un buen calzado. Los fineses, sin embargo, no van vestidos de ninguna forma en particular, nos explica Cristina, las chicas andan en sus tacones sobre aceras que no tienen baldosas sino cemento con piedras para que no resbales. Al llegar, una de las primeras cosas que sintió es que no podía respirar, ya que el termómetro rozaba los 25 grados menos cero, pero el clima en Finlandia es más seco que en Barcelona, su ciudad, y por este motivo no se sufre tanto. El problema, añade, es que las ventanas de las casas no se pueden abrir para prevenir qué tiempo hace: “miraba el cielo, pero cuando salía el sol era cuando más frío hacía fuera y con los cielos encapotados, al contrario, se estaba mejor.”

El frío no la privó de hacer actividades al aire libre, como patinar, esquiar, o una visita a Laponia en una excursión de cuatro días en la que estuvo construyendo iglús durante el día y por la noche dejándose seducir por las luces del norte, un espectáculo que considera de lo mejor que ha visto en su vida.


UNIVERSIDADES EN ISLANDIA PROVISTAS CON TODO LO QUE NECESITAS

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Universidad de Reikiavik, Islandia

Eric Torrell aterrizó en Islandia a finales de agosto del 2014 para cursar un Postgrado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Reikiavik y regresar cinco meses más tarde. No era esta la primera vez que Eric viajaba a Islandia, sin embargo, ya que se sintió atraído por la isla volcánica cuando la descubrió al pasar dos semanas de vacaciones el año anterior. En la actualidad, Eric ha empezado a estudiar islandés en Institut Nòrdic y se plantea regresar una tercera vez a Islandia para encontrar si es posible trabajo de su especialidad.

El invierno le gusta mucho a Eric, quién escogió expresamente hacer el postgrado en Islandia durante los meses más fríos: “el frío es algo que ya tienes en mente cuando te vas – explica – dicen que el problema es el frío o la luz, tal vez, y creo que se lleva mejor el frío que la luz. Los primeros días te desorientas un poco, porque no alcanzas a decir qué hora es exactamente.”

Una vez allí tuvo que comprarse una buena chaqueta, pero la vida mayoritariamente no la hacía en el exterior sino en la misma universidad, proveída de gimnasios, bares, farmacias y todo lo que podía necesitar.

¿Y en cuanto a la naturaleza? Asegura que es increíble, “puedes estar a principios de diciembre en Reikiavik, salir a la calle a las diez de la noche y encontrarte el cielo pintado de auroras”.

 

Mar Schoenenberger